"Tantas veces va el cántaro a la fuente,
que una vez se rompe en el camino"
ALGUNAS VECES nos hemos parado a pensar seriamente en esta auténtica realidad de la vida, cuando sufrimos los más trágicos avatares que ella nos ha deparado. No es para lamentarse, es que todo tiene que ser así. Para poder apreciar lo bueno, hay que tener el punto de comparación de lo malo. Por eso, tantas veces hacemos las cosas mal que al final terminamos pagando nuestra ignorancia. Debimos haberle dado la patada el primer día.
Lejos de estas meditaciones están aquellos que se creen iluminados en la vida y que van por el mundo sembrando la discordia, la desilusión y, lo que es peor, la desconfianza y el descrédito en la razón, la justicia, la lealtad... la fidelidad. En el pecado tienen su penitencia. Verles las caras retorcidas y comidas por las intrigas de sus entrañas -aunque a veces quieran esbozar una sonrisa, que nunca será tierna ni verdadera- es la recompensa a toda una larga serie de sufridas situaciones que la vida nos manda para curtirnos en ella, y hacer que nuestras obras lleguen a dimensiones que nunca hubiéramos soñado.
"La cara es el reflejo del alma". Seguro que sí. Cuando catalogamos a la juventud con quienes estamos continuamente trabajando nos es muy fácil adelantar un pronóstico sobre la calidad social de cada individuo, sus posibilidades de éxito y hasta su comportamiento habitual. Estudios de sicología nos ha costado llegar a detectar estos síntomas, complementados con la práctica de muchos años trabajando sobre el mismo material.
Cuando nuestro amigo el psicólogo nos ha pedido opiniones sobre algún caso en particular que ha tenido que dictaminar, no nos ha sido difícil remitirnos a varios asuntos similares por los cuales hemos pasado en la vida. Cuestión de observación.
Parece entonces oportuno que, de vez en cuando, refresquemos la memoria escribiendo estas pequeñas meditaciones que, la mayoría de las veces, nacen de situaciones que estamos viviendo y que hace unos años -engañados por la juventud y la inexperiencia- nos hubiesen parecido increíbles o insólitas.
Hoy, con una experiencia acumulada, podemos escribir temas para una enciclopedia sobre seres humanos que han renunciado a la decencia, han pisoteado la vergüenza, despreciado la fidelidad, no han dudado en faltar a sus juramentos... aunque hayan sido ante un altar, y después de todo esto, pasean sus caras duras por todos lados, sin importarles para nada los conceptos tradicionales de una vida seria y honrada, donde todavía quedan padres, madres e hijos -aunque sean pocos- que se tienen que avergonzar de lo que hacen sus mas íntimos familiares. Así está el patio, que diría un castizo.
En esta avalancha de desgracias participamos todos. Unos como seres pacíficos, y otros como actores naturales. Es imposible evadirse del tema. La sociedad esta ahí, y en ella vivimos. Dice el refrán que "la cabra siempre tira para el monte". Efectivamente, así es. Lo dice la vida. Ilusos los que piensen que podrán reformar a la cabra. "La mona, aunque se vista de seda, mona es y mona se queda" Ahí va otro refrán con toda su carga de realidad. Imposible borrar nuestros malos actos... aunque te vistas de seda.
Algunos privilegiados tenemos la oportunidad de refugiarnos en la esperanza de la juventud. Para quienes podemos acercarnos a ella sin temor, el poder trasmitirles principios éticos y formas de pensar saludables es mas que edificante. Los resultados son una hermosa recompensa. Sabemos que la óptica de los miserables ve esto de otra forma, pero la realidad es incuestionable, y el poder exhibir líneas curriculares que conducen a la lealtad, la paz, la justicia y la razón es algo que, a nuestra edad, es mucho más que estimulante. Seguimos.
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