¡VALE, VALE...!, del centro político. Mucha gente sostiene que no tiene ideología, que no tiene un ADN "doctrinosómico", históricamente atormentado por infinitas crueldades bélicas, experimentos sociales desafortunados, grandes y referenciables efemérides, y no se qué más cúmulo de descalificaciones livianas, veniales, débiles, porque al centro político no se le puede acusar de nada grave, de ninguna limpieza étnica, de ningún "guerracivilismo", de ninguna insensatez inarreglable.
A los que afirman tan documentadamente lo anterior, quizá lo que les sobra son "catecismos positivistas", "capitales", "coranes" y "biblias"; y les falta el anecdotario intrahistórico de las pequeñas, grandes y beneméritas anécdotas; de la multitud de negociaciones, acercamientos, compromisos, que dentro de cada posición ideológica, hechos partidos y actuaciones concretas en la historia sociopolítica de los pueblos, han estado adobadas por el fiel de la balanza convivencial del centro político que, como los comienzos de un inalcanzable arco iris, no se encuentran fijos, soldados o anclados en una posición concreta, elevada a la categoría de dogma o de ciencia incontestable, histórico, dialécticamente (como ya se ha comprobado) no demostrable.
Ese limbo de los pragmáticos, de los sensatos, de los que miran hacia el futuro sin los "espoleos" ni los rencores del pasado, a l@s español@s no nos ha sentando tan mal. Los socialistas dejaron de ser marxistas, les daba igual el color del gato, siempre y cuando cazara ratones; logró que los cuarteles se cerraran y se devolvieran a las corporaciones para aumentar sus PGOU; y ganó un tiempo precioso para que la sustitución generacional acostumbrara a la ciudadanía a que las cosas cambiaran, con un ritmo bailable, a sorbitos, y esa madurez obtenida permite hoy desenterrar algunos difuntos muy mal tratados, sin la necesidad de mirar al fratricidio como un delito de los que no prescriben a los setenta y un años.
Francia acaba de instalarse en un 18% de centrismo, que el amigo Bayrou acaba de conseguir en la inimaginable fiesta democrática que para cualquier país europeo constituye una participación de más del ochenta por ciento.
Los que nunca hemos adjurado de la lealtad a los principios de todos los principios, esto es: la libertad, la igualdad, la fraternidad, amén de la justicia, la paz y la felicidad; desde nuestas "irrealizadas" utopías ilustradas del país que las amplificó (ya estaban más que inventadas), nos felicitamos porque se hayan sentido centristas "puros" más de 7.000.000 de europeos que viven en Francia, y a los que nos sumaremos el 27 de mayo un montón de europeos españoles que vivimos en un (geográfico) pedacito de África que se llama Canarias.
* Presidente insular del
Centro Canario-CCN
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