LA BOLSA ESPAÑOLA tenía que llevarse un susto, después de tanta escalada sostenida, y se señalaba desde hace tiempo al "ladrillo", que invertía sustanciosas ganancias fuera de su propia burbuja, como el primer sector en sobresaltarse. Ha bastado que Astroc, un icono inmobiliario del enriquecimiento vertiginoso, descubriera involuntariamente que parte de su imperio estaba edificado sobre barro para que sus acciones sufrieran un descalabro esta semana, produciendo al mismo tiempo el desmayo más o menos circunstancial de otras inmobiliarias. Y para que no decayera la zambra bursátil, el The Financial Times se despertaba ayer afirmando que, en España, el mercado inmobiliario estaba a punto de estallar. A la burbuja, bien es cierto, de la veía muy o demasiado hinchada, pero al tinglado inmobiliario/hipotecario se le venía preparando una pista de aterrizaje suave, disponible en caso de emergencia.
El sobresalto disparado al iluminarse ciertas rendijas de Astroc no ha sido de infarto, y así lo demostraría el panel del Ibex, cuyas paredes son en parte de ladrillo pero sus cimientos tienen la solidez que ofrecen de momento los sectores financiero y bancario. Banesto, Popular, Bankinter y Sabadell sintieron ayer el afecto de los inversores, mientras que los dos grandes, el Santander y BBVA, perdían unas décimas debido a sus actuales estrategias y sin la más mínima contaminación inmobiliaria. Cierta morosidad en el capítulo de las hipotecas no ha llegado a alarmar aún a los jerifaltes de la banca.
Se reacciona mejor ante un susto cuando se está prevenido, y el crecimiento espectacular en España durante las dos últimas décadas de los activos inmobiliarios venia augurando que esa tendencia tenía necesariamente que declinar algún día. El aterrizaje suave del sector o el lento desinflarse de la burbuja.
El vicepresidente Solbes lleva actuando desde anteayer de apagafuegos y asegura que el sector de la vivienda permanece invulnerado por los desplomes en el mercado de algunos valores de mucho postín. Y es que una cosa es el mundo de la promoción y construcción de viviendas, en oferta permanente de nuevos productos, y otra, muy diferente, la salida de las ganancias inmobiliarias hacia los sectores energéticos o de grandes servicios internacionales.
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