Valencia, EFE Sólo una de cada tres personas con asma tiene un buen control de su enfermedad, según aseguraron hoy especialistas en Neumología, que advirtieron de los problemas que puede ocasionar esta falta de atención en los pacientes asmáticos, especialmente en las mujeres embarazadas.
Así lo aseguraron el jefe de Servicio de Neumología del Hospital La Fe de Valencia, Miguel Perpiñá, y la neumóloga del Hospital de Sagunto Eva Martínez, durante la presentación del Día Mundial del Asma, que se celebrará el próximo 1 de mayo bajo el lema "Tu puedes controlar tu asma".
El asma es una enfermedad crónica que afecta a entre un 6 y un 8 por ciento de adultos y a entre el 8 y el 12 por ciento de los niños, y es capaz de producir, si está fuera de control, "un elevado gasto en el presupuesto sanitario, una significativa pérdida de productividad y jornadas escolares y una afectación en la calidad de vida de los pacientes", afirmó Perpiñá.
Señaló que en las dos últimas décadas los avances científicos han mejorado el conocimiento sobre la enfermedad y permitido un mejor manejo y control de la enfermedad, con el "Test de Control del Asma", con el que tanto pacientes como médicos aprenden a valorar el nivel de control de la dolencia y a mejorarlo.
En el caso de la población infantil, Eva Martínez explicó que hasta la edad de 12 o 13 años la prevalencia de asma es mayor en los niños que en las niñas, aunque al llegar a la adolescencia el asma incide por igual a chicos y chicas, para, a partir de los 20 años, afectar en mayor medida a las mujeres.
Por su parte, Martínez indicó que los estudios demuestran que las mujeres asmáticas tienen más síntomas, precisan más medicación y tienen menor calidad de vida que los asmáticos, y señalan que las afectadas de entre 20 y 50 años de edad acuden tres veces más a los servicios de urgencias que los hombres y requieren un mayor número de ingresos.
Los especialistas destacaron especialmente los efectos negativos que la falta de control puede ocasionar en la mujer asmática que está embarazada, tanto para ella como para el feto, ya que la gran mayoría de ellas abandona la medicación al saber que está esperando un hijo.
Parto prematuro, bebé con bajo peso o preeclamsia (subida de la presión arterial seguida de presencia de proteínas en la orina) son algunos de los problemas que pueden aparecer en la mujer embarazada que toma la medicación para controlar el asma, en la que la falta de tratamiento incrementa la probabilidad de sufrir episodios más graves.
Agregaron que también existen evidencias científicas del efecto de las hormonas femeninas, de modo que las fluctuaciones hormonales durante el ciclo menstrual afectan a entre el 20 y el 40 por ciento de las asmáticas en los días pre-menstruales, provocando molestias respiratorias y una mayor severidad de los síntomas, al igual que ocurre en la menopausia.
También destacaron la relación entre la obesidad y el asma, e indicaron que la aparición de la obesidad en niñas entre los 6 y 11 años "multiplicaría por siete el riesgo de sufrir asma.
Perpiñá aseguró que en los últimos treinta años se ha multiplicado por dos la prevalencia de los casos de asma, especialmente en las zonas urbanas, y señaló que se trata de una enfermedad crónica "que de momento no tiene curación, pero sí se puede controlar bien".
Según el experto, en los próximos diez años la genómica podrá dar información sobre los genes implicados en el asma y su tratamiento, y permitir dar terapias más individualizadas, lo que se denomina farmacogenómica o farmacogenética.
También destacó la "importancia capital" que tiene el factor hereditario en esta enfermedad, ya que si el padre y la madre son asmáticos la posibilidad de que la sufra el hijo es "muy alta", si es la madre la afectada la probabilidad es "alta" y si solo es el padre es "baja".
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