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"Memoria histórica" de los gobernadores civiles (VII)

29/abr/07 24:53
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EL MÉDICO DE EXTREMADURA, don Juan Pablos Abril, que ocupó el Gobierno Civil de la provincia de Santa Cruz de Tenerife, en los años sesenta, siguió al muy recordado y admirado don Santiago Galindo Herrero y al también admirado don Manuel Ballesteros Gaibrois, catedrático de Historia de América de la Universidad Complutense y una de las autoridades mundiales en esta materia. Puede decirse que los tres realizaron una labor extraordinaria en todas las Islas de la provincia. El doctor Ballesteros dio gran prestigio a Canarias al potenciar en San Sebastián de La Gomera las "Semanas Colombinas" que ya inició el señor Galindo. Estas jornadas, a las que se daba gran importancia por las personalidades, tanto académicas como diplomáticas de los países descubiertos por Colón, que asistían y siguen asistiendo a aquellos actos que se desarrollaban el 6 de septiembre, fecha en que zarparon las naves colombinas del Descubrimiento del puerto de la capital de La Gomera.

A don Juan Pablos Abril, quien falleció tiempo después de haber regresado a Extremadura, sucedió el señor Quiroga de Abarca, un militar, creo recordar que teniente coronel, retirado del Ejército, del que puede decirse que siguió, paso a paso, el programa de Gobierno que llevaba a su antecesor. Quiroga, con menos simpatía y carácter menos afectuoso que don Juan Pablos, no mostraba tanto entusiasmo con las cosas de Tenerife y de Canarias, pero daba gran importancia a las reuniones con el vecindario de los pueblos, con los que quería sostener contactos directos. Por eso potenció los que él llamaba "Consejos abiertos", que generalmente se desarrollaban en las plazas de los pueblos que visitaba. Se notaba que su formación, en diferentes materias sobre todo en Agricultura, no era la apropiada para un regidor como él. Un día, en un "consejo abierto", propuso a los vecinos, casi todos gente de campo, que en las plantaciones de plataneras se consiguiera que la mata, en vez de una piña, diera dos, que era un disparate y produjo asombro en el público. Otro día preguntó a un campesino cuál era el "incremento láctico" en la zona y el mago no supo qué contestar porque no tenía idea... No recuerdo si exactamente fue Quiroga el que, presidía, en el Consejo Provincial del Movimiento, el acto de elección, del miembro que este organismo de la provincia tenía que mandar a Madrid para formar parte del Consejo Nacional. Se presentaban Pedro Doblado Claveríe y don Manuel Cerviá, quien iba a la reelección. Yo asistí para votar como miembro del Consejo, Antonio Belda Alcaraz, quien también era secretario general del Gobierno Civil y se ocupaba de dirigir la votación, con todos los consejeros esperando para entrar al salón para intervenir en el que debería ser solemne acto; y a Antonio Belda, que tenía y tiene un extraordinario sentido del humor, no se le ocurrió otra cosa que asomarse a la puerta del salón de la Jefatura y decir en voz alta: "¡Señores: consejeros, vayan pasando por orden analfabético!", lo que rompió la solemnidad del acto, como lo del "Ministerio de la Murienda", de Reyes Darias en la inauguración del nuevo Cementerio de Tegueste por don Juan Pablos Abril, como ya conté en "capítulo" anterior.

Se rumoreaba que al señor Quiroga de Abarca lo iban a destituir, pero él lo desmentía. Y contaba: "Llegué a Madrid y me enteré que el Caudillo mandó a pedir la lista de gobernadores que iban a cesar. Franco la miró y dijo cuando llegó a mi nombre "¿Quién en este, Quiroguita? ¡A este no me lo mueve nadie!". Y a la semana siguiente, le llegó el cese.

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