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MANUEL MEDINA ORTEGA *

La inmigración en la Unión Europea, de Canarias a Riga

29/abr/07 24:53
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MIS OBLIGACIONES como diputado me llevaron hace unos días a Riga, la capital de Letonia y una de las ciudades más importantes y con mayor tradición del Mar Báltico, para participar en unas jornadas sobre migración. Para cualquier canario, la expresión "madera de Riga" es bien conocida, y para los que tengan buenos conocimientos históricos sabrán que la ciudad aparece asociada a la Hansa medieval, a las guerras del norte entre Suecia y Rusia, e, incluso, a las operaciones de la División azul española en apoyo a la Alemania hitleriana durante la Segunda Guerra Mundial.

Tras el ingreso de Letonia en la Unión Europea, se han producido en esta República movimientos migratorios bastante particulares. Por un lado, unos ochenta mil trabajadores letones se han desplazado a los países occidentales más desarrollados, sobre todo a las Islas Británicas, atraídos por condiciones laborales más favorables. Por el otro, el desarrollo económico que ha generado el ingreso en la Unión Europea impone la necesidad de atraer inmigrantes para atender a las necesidades de la nueva economía letona.

El punto normal de origen de estos inmigrantes es la vecina Rusia. Pero Estonia, con una población de 2.200.000 habitantes, es decir, sólo algo superior a la de Canarias, con un territorio casi diez veces superior al de Canarias, cuenta ya con más de una tercera parte de la población de origen ruso, atraídos por el mayor nivel económico de la República cuando formaba parte de la Unión Soviética. La llegada de nuevos inmigrantes rusos podría atraer de manera decisiva el delicado equilibrio interétnico del país, poniendo en peligro la identidad e independencia del Estado. Se buscan, así, alternativas a la incorporación de nuevos inmigrantes a Letonia. Se piensa, sobre todo, en ciudadanos de antiguas repúblicas soviéticas, como Belarús, Moldova o Ucrania, que tendrían la ventaja de poder comunicarse en ruso con los letones.

De todas formas, se pone de relieve, una vez más, que el control de la inmigración en la Unión Europea resulta muy difícil. La estabilidad política y social, la paz interior de que disfrutamos y la solidez de nuestra economía convierten a la Unión en objetivo referente de los grandes movimientos migratorios mundiales. El intento de algunos políticos europeos de cerrar el territorio de la Unión a inmigrantes no deseados por razones xenófobas no podrá resistir a la enorme presión migratoria que ha desatado la globalización. La inmigración puede ser "canalizada" o "regularizada". Lo que no es posible es edificar murallas contra ella, igual que no cabe pelear contra los molinos de viento, en Riga o en Canarias.

* Diputado al Parlamento Europeo, PSOE

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