Criterios
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Onírico

29/abr/07 24:53
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ES UNA GRAN VENTAJA que la mitad de la isla se encuentre de campaña electoral. Es rentable porque ellos lo hacen todo. Quienes integran las interminables listas de los partidos, los asesores y los devotos; los acompañantes, los obnubilados y los aspirantes protagonizan un gran tinglado para que los de la otra mitad de la isla no podamos sino contemplar.

Y lo hacemos, aprovechando la ventaja de que entre ellos mismos se las componen para decir, contradecir y contravenir. Para afirmar, afianzar y añadir; para criticar, desbancar y caricaturizar. Por eso, yo siento algo que se acerca, nunca llega a ser, y que hasta puede parecer por momentos contrario, a la admiración. Sobre todo porque, además, esa mitad de la isla tan implicada también encuentra tiempo para visitarnos. En las instituciones, en las empresas y en los barrios. Y, es entonces, cuando aparecen las ondas concéntricas hipnóticas de la serpiente, llenas de captación onírica.

De tan asesoradas, a duras penas se rehuyen. Esquivarlas es lo que queda porque, o mucho me equivoco o de entre los que estamos en la otra mitad no hay quien pueda sumergirse en la gravitación. Simplemente porque no somos Hawking; porque no ansiamos viajar al espacio, o porque soñamos con otras cosas.

Es una suerte que en tiempo de campañas electorales haya cosas que solo son oníricas. Es una garantía para eludir la responsabilidad por lo que últimamente viene ocurriéndome. Ni los guapos Richard Gere o Hugh Grant, tan denunciados como están estos días, llegan a los recovecos de mi mente cuando adormece. Ni siquiera Clooney, a quien, desde que perdió a su cerdo-mascota solo se le ve en blanco y negro.

Nada de eso. Padezco algo que me empeño en llamar transfusión onírica. En el duermevela veo -tal vez sueñe- el sueño que sueña Zerolo y que cuento: está frente a la Gran Muralla China y divisa el alcalde una espectacular valla publicitaria que le llena de orgullo. Sonríe porque realmente se ve. Y, aunque su satisfacción no es completa porque no es suya -la idea, quiero decir-, nada quiebra una sonrisa hierática de madera que recorre de lado a lado su cara. También serpentea por los alrededores un colorido dragón chino, del que se asoma un señor con bigote blanquecino estilo Geppetto.

Es una ventaja que en estos tiempos todo pueda leerse en clave onírica porque, ahora recuerdo, en algún momento el hada advertía a Pinocho de que no podía hacer mucho más, y al que parece ser Guigou le recomendaba seguir siendo paciente.

También es de provecho que, en estos tiempos de campaña, los sueños puedan ser reinterpretables.

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