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EL CHASNERO JOSÉ MANUEL PITTI

Una alineación eólica

29/abr/07 24:53
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Imagino el trago que aguarda a mi admirado Juan Martínez Casuco, por cuanto si mañana dirigiera una victoria del Tenerife -misión aparentemente imposible en cuanto que, sin Frangollowsky, estamos huérfanos de gol-, metería al Lorca, prácticamente, en Segunda División B; el infierno de los avaros, por ciento, y el cielo de los pobres, por cierto. No sé qué plan ha diseñado el director técnico del Tenerife para la perspectiva de un compromiso personal tan absolutamente chungo, aunque, reconociéndolo un profesional íntegro, no tengo la menor duda de que superará la natural tentación, o el dictado natural del subconsciente, y, por ende, no se sentará en el banquillo lorquiano, lorquino o libertino. La perspectiva que afronta Juan Martínez Casuco, de forma muy particular, se proyecta como un capricho del calendario, y, desde luego, una auténtica putada, porque, sin ser distintos a los aldeanos de todo el mundo, los vecinos de pedanías como La Paca, Doña Inés o Culebrina, por ejemplo, son muy sentidos y lamentarán que sea un hijo del pueblo precisamente, y no un frikie como Goicoechea por ejemplo, quien meta al Lorca la estocada final.

Utilizo el argó taurino y rescato de mi memoria aquella ocasión, primera y última, en la que estuve en una plaza. Aconteció en Pamplona, disfrutaba yo de los sanfermines, e, integrando un grupo de amigos aborígenes, ingresé absolutamente cargado en el burladero, y, tras dirigir un eructo muy cariñoso a la presidencia, ocupé mi localidad. Los leales de la fiesta nacional estaban todos a favor del torero, y no sé por qué ni por qué no, yo -seguramente más identificado con los cuernos del matado que del matador- me puse a favor del toro, disfrutando de tan buena suerte que, cuando el Niño de la Capea o diestro afín se preparaba para meter la navaja en la espalda o los güebillos del animalito con su típica chulería, resultó ser que el Miura le hizo una finta, le metió uno de sus cuernos en aquel impecable traje de luces, y, provocando la más espectacular cagada aérea de todos los tiempos, dio quince vueltas consecutivas al susodicho Curro. Pegué a aplaudir instintivamente, porque yo pensaba que la fiesta nacional era la confrontación de dos animales, uno condenado a morir y otro educado para matar, o, en fin, una disputa democrática, en la que yo disfrutaría el derecho de elegir a cuál de los dos animaba. Hete aquí, sin embargo, que -mientras yo lanzaba mis riqui-racas a favor del susodicho Domeq y tras el chivatazo de algún tauromonárquico de esos- llegaron dos picolos, y, en loor de multitudes claro, me sacaron de la plaza por las dos orejas, y, sin necesidad ninguna, el rabo.

Tras este inciso sorprendentemente taurino, que no me esperaba ni yo, retomo la línea argumental -que alguna vez la tuvo- de mi columna de hoy, "El Chasnero" y a mucha honra, enfatizando en que el calendario ha metido a mi admirado Juan Martínez Casuco en un compromiso de diez mil pares de cojones. Intento ponerme en su lugar, porque ya escribí ayer que me cautivó su noble y campechano discurso durante la entrevista que mantuvimos el pasado lunes en "InterSur Radio", y, aunque Dios me libre de darle ni un solo consejo para que actúe contra nuestra causa -de la que él es honrada parte-, yo no sé qué haría en su lugar; esto es, en pura hipótesis a Dios gracias, no sé qué haría yo si visitando el campo del Granadilla como director tétrico del Sporting de Tiñor, consciente de que no me juego nada, y sabiendo que -impulsando una victoria de mi nisperero mecánico-, provoco el descenso de mi glorioso Aleti.

No es necesario que yo conmine a Casuco a cumplir con sus obligaciones, porque él es un profesional íntegro, y, hasta el límite de sus posibilidades, construirá un Tenerife competitivo y ganador, y, puesto que secundó la cabezonería de Nardy Krauss -éste con atenuante de ascendencia teutona-, si pone a Raúl Sánchez en la punta, y por tanto nos deja despuntados, queda como un caballero ante su pueblo lorquino, y, adaptados a la obstinación, aquí tampoco nos daríamos de cuenta. O sea, si alinea a Raúl Sánchez, ya nadie se va a indignar, y, salvo sorpresa, tampoco creo que se exponga a la investigación de la Fiscalía Anticorrupción, aunque -estoy ahora en la duda- no sé si otorgar la titularidad a un paquete de esta magnitud puede ser entendido como un supuesto prevaricación balompédica. No creo, pero, ya les digo, si yo visitara el campo de mi glorioso Aleti Granadilla en el mando supremo del Sporting de Tiñor, y tuviera a Raúl en las filas de mi limonero mecánico, no dudaría en alinearlo, como titular, desde los quince días previos hasta la fecha del partido propiamente dicha. Por lo demás, aún cuando nuestro portero incorporara unas orejas bien grandes (Televés, casi) y se elevara como un Binter, éste tampoco sería argumento jurídico útil para demostrar la implicación de Alfonsín en un follón futbolísticamente eólico.

Y, si quieren que les diga la verdad, me quedo ahora totalmente reflexivo, preocupado, jodido y angustiado, porque -como les escribí ayer- le cogí cariño a Casuco, y, en cuanto en cualquier familia siempre hay un tío con muchas perras y pocas luces, lamentaría que lo desheredaran.

chasnero045@hotmail.com

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