J.D. MÉNDEZ, S/C de Tfe.
El de Ricardo Delgado Cabrera es un caso excepcional. A sus casi 75 años, que cumplirá el próximo 8 de junio, este deportista nato, que ha tenido la práctica física como "mi refugio y mi ilusión", sigue practicando el fútbol sala dos veces por semana en el colegio Isabel La Católica de El Cabo, aunque atraviesa un paréntesis hasta que el 1 de mayo sus nietas hagan la Primera Comunión "para evitar lesionarme". Además, ha jugado al fútbol o al tenis de mesa y su otra gran pasión es el submarinismo.
Ricardo Delgado nació en la calle Tribulaciones, en el barrio de El Toscal, aunque lleva más de 40 años residiendo en la zona de la Salle, en concreto en la calle Valencia, a la que llegó en 1962.
Ricardo explica que "comencé a jugar al fútbol en mi entrañable Toscal, en las calles de La Marina, La Rosa o en la que viví, la del Señor de las Tribulaciones, con pelotas de trapo o de retales de ropa, sobre todo calcetines. Con diez años jugaba en el Infantil San Francisco y hacía el Bachillerato en el instituto de la plaza Ireneo González. A los 11 años me trasladé con mi familia a Arrecife de Lanzarote y a los doce ya estaba jugando con el equipo del barrio del Charco de San Ginés. Con 16 años ya estaba en un equipo de Primera Regional, el Arrecife, en el que jugaba de lateral derecho. En aquella época el nivel allí era inferior al de Tenerife".
El regreso definitivo a Tenerife se produciría en 1950. Ricardo mantuvo su afición por el deporte, a pesar de que en el año 51 garantizaba su futuro profesional al incorporarse a la plantilla del por entonces Banco Hispano Americano en el que estuvo 41 años hasta su jubilación a los 60.
Ricardo y sus compañeros bancarios fueron pioneros del primer fútbol sala que se jugó en la isla "en campos de tierra o en la mítica Ciudad Juvenil. Recuerdo que nos pitaba un niño, Juan Manuel Brito Arceo, ahora gran amigo".
Cuando este deporte se federó, en la década los 70, el Banco Hispano hizo dos equipos. Ricardo afirma que "yo estaba en el Hispamer fundado por los hermanos Pedro y Manolo Gamero, Óscar Jiménez y un servidor. El otro era el Banco Hispano, con el teníamos gran rivalidad. A ambos nos ayudaba el Servicio Social del banco". Ya para entonces había abandonado su puesto de lateral derecho para pasar a ser portero. "No sé muy bien por qué, pero se me daba y terminé jugando ahí", asegura.
Cuenta que "con 61 años, recién jubilado, me llamó un amigo para fichar en el Tacoronte de Primera Autonómica. Había otro chico joven de portero, que debía jugar, pero se marchó al mes y terminé yo toda la temporada. Acabé tan molido que le dije a este amigo que no contara conmigo para el año siguiente".
Otros eventos importantes en los que ha tomado parte son "el Torneo de La Amistad, que disputaban organismos oficiales, o los Juegos Municipales de Vecinos". Un gran currículum, pero, sobre todo, enorme afición por el fútbol sala y el deporte.
Ricardo ha sido siempre una persona muy activa y aún hoy va prácticamente cada día a caminar a Las Teresitas. Formó parte, como tesorero y secretario, de la primera APA del colegio La Salle-San Ildefonso, al que estuvo mucho tiempo vinculado. Recuerda "los partidos en el patio entre profesores y gente del colegio, y con los de fuera. Eran muy competitivos y por allí pasaron grandes jugadores".
Ricardo expresa que "en ese fútbol sala yo ya era veterano y me enfrentaba a grandes jugadores en su plenitud. Recuerdo a Alberto Mas y la gente del Iberia Toscal, con la que me sigue uniendo el afecto de tantos partidos en la Ciudad Juvenil. Nunca tuve un problema y me siento muy querido".
Otro deporte favorito, aparte de la pasión por el submarinismo "que practiqué 40 años", fue el tenis de mesa. "Jugaba, dice, en el San José, equipo de la iglesia de El Toscal. El Círculo de Amistad quiso ficharme varias veces, pero nunca quise traicionar a mi barrio".
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