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WOLFREDO WILDPRET BOTÁNICO Y PROFESOR EMÉRITO DE LA UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA

"En el Teide no se ve lo que más abunda: los pequeños seres vivos"

29/abr/07 24:53
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EL DÍA, S/C de Tenerife

Wolfredo Wildpret de la Torre es un científico enamorado de la vegetación que se da en el Archipiélago. Profesor emérito de la Universidad de La Laguna, doctor Honoris Causa por la Universidad de Hannover (Alemania) y miembro del Patronato del Parque Nacional del Teide, es descendiente de Hermann Wildpret, un suizo que fue jardinero mayor en el Jardín de Aclimatación de La Orotava y cuyo nombre lleva el característico tajinaste rojo (Echium wildpretii) que se da en el Parque Nacional del Teide. Wildpret evalúa el estado de conservación del Teide y su posible inclusión en la lista de sitios Patrimonio Mundial de la Unesco.

-¿Cree usted que los valores naturales del Teide son una garantía para obtener el Patrimonio Mundial?

-Yo no sé cómo se manejan los entresijos políticos de la Unesco, ni cómo funcionan los intereses de las distintas candidaturas y el peso específico que pueda tener cada una de ellas en el Comité que va a tomar la decisión. Desde mi punto de vista, el Teide tiene, sin ninguna duda, méritos suficientes para ser declarado Patrimonio Mundial, por varios motivos: primero, por su singularidad, sobre todo volcanológica, paisajística y biológica, y en segundo lugar, porque constituye un atractivo internacional de alto nivel. No creo que haya en el mundo muchos sitios que tengan una carga de visitantes tan importante como la que tiene el Teide.

-Usted ha dicho muchas veces que el estado biológico del parque nacional ha mejorado mucho en los últimos cincuenta años. ¿A qué se debe esta mejoría?

-En 1954 se produjo el hecho de la declaración de este espacio natural como parque nacional. En esas fechas, se tomaron las primeras medidas de restricción en la explotación humana de ese territorio. Entre otras, se sacó el ganado de esas cañadas y se prohibió la explotación de la leña y del cisco de retama con fines económicos. Con estas dos simples medidas, se consiguió un progresivo aumento de la biomasa y de algunas especies que estaban consideradas raras, en peligro. Hoy en día, muchas de esas plantas que estaban amenazadas se encuentran en un punto de extensión sorprendente.

-¿Podría dar algunos ejemplos de esas especies que estuvieron a punto de desaparecer y que ahora se han regenerado?

-El cedro canario es una de ellas. Llegó a estar en grave peligro de extinción. Sólo se conocía del orden de media docena de ejemplares ubicados en los lugares más inaccesibles del parque. Hoy, hay cerca de tres mil cedros que se han desarrollado de manera espléndida. También hay que destacar la brutal extensión del tajinaste rojo, que se desarrolla en el parque de una manera extraordinaria.

-También se han practicado políticas para combatir las especies introducidas por el hombre. ¿Con qué fin?

-Efectivamente, en estos años se han eliminado especies que eran alóctonas (no propias del lugar), que habían sido introducidas de manera experimental, como, por ejemplo, los cedros del Atlas. Esto ha permitido observar la rapidez con que se ha recolonizado el territorio con la vegetación autóctona. Simplemente eliminando lo que no es propio y dejando que la naturaleza actúe por sus medios, se puede ver cómo las plantas ocupan de nuevo el espacio del que habían sido desplazadas en su día por la acción del hombre.

-Y esas amenazas, ¿ya están controladas?

-Siempre quedan, como algunas gramíneas que están muy extendidas en el parque y han sido aportadas por el hombre. Éstas llegan con la cantidad de personas que visitan el Teide. Afortunadamente, no son especies llamativas, pero se trata de especies agresivas que llegan y se encuentran con nichos ecológicos que se hallan vacíos, es decir, que no tienen depredadores.

-El Teide es un gran laboratorio científico. ¿Cree que esto influirá en la decisión de la Unesco para declararlo Patrimonio Mundial?

-A Tenerife acceden todos los años decenas de grupos de investigación de todas partes del mundo a estudiar la manera en que se encuentran dispersados sobre ese terreno volcánico único los seres vivos. En la biodiversidad del Teide, lo que no se ve es lo que más abunda, que son los pequeños seres vivos, los insectos. Ahí hay una enorme cantidad de especies desconocidas que intervienen de una manera decisiva en lo que se refiere al flujo de energía que circula por ese ecosistema.

-¿Cree usted que los canarios son conscientes de todo este valor?

-No hay ninguna duda de que la sociedad siente una gran emoción al ver estos paisajes. Lo que pasa es que tendríamos que hacernos la siguiente pregunta: ¿está la sociedad canaria sensibilizada para conservar este espacio, para poderlo tratar adecuadamente, para respetarlo? Yo diría que todavía no. Por ejemplo, no se puede permitir el vandalismo que se produce cuando nieva, que lo llenen todo de residuos con el único fin de divertirse y deslizarse por la nieve irresponsablemente. Es una falta de sensibilidad y, probablemente, también una falta de educación. El impacto y la sensación de abandono que se genera, la humillación del territorio natural con los residuos que se dejan ahí (un colchón, plásticos, botellas...) son grandes ofensas sociales contra un símbolo como es el Teide, que puede llegar a ser Patrimonio Mundial. Esta sensibilidad falta porque falta un modelo de educación ambiental adecuado.

-¿Y qué pasaría si no se consigue ese título?

-Pues habría que aceptar la derrota con elegancia y volver a insistir, no tirar la toalla. En ese caso, habría que plantearse dos cosas: una, que las personas que juzgan estas cosas tienen otras preferencias y valoran otras cuestiones, y dos, que habrá que pensar que la forma en la que se ha planteado la candidatura no fue la correcta. Aunque yo creo que no es así, que se ha planteado de manera adecuada, incluso hasta de una manera excesiva por el enorme esfuerzo que se ha hecho a todos los niveles. Pero he de decirle que al margen de que se dé ese título, el Teide ya tiene categoría de Patrimonio Mundial. Sólo hay que hacer una cuenta: con más de veinte años en los que el flujo de turistas es tan alto, podemos sacar un resultado de más de 70 millones de personas, de distintas partes del planeta, que han pasado por el parque. Esto ya es suficiente para decir que este espacio es Patrimonio Mundial.

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