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EL VARISCAZO MONTY

Todos a las urnas para hacer o deshacer

24/may/07 06:52
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EN PRINCIPIO, y digo esto aunque me cueste la antipatía de más de un previsible abstencionista, voy a pasarme todo el fin de semana invocando a los dioses del tiempo para que embocen el sol con una miríada de nubes y que las temperaturas sean lo suficientemente frescas como para disuadir a los domingueros a visitar la playa o el monte. De este modo no les quedará más opción que ir a ejercer el derecho al voto, sea para quien sea. Tenemos en nuestras manos el privilegio más determinante para optar por el continuismo, si la opción elegida ha cumplido las expectativas, o por el cambio radical que sirva de revulsivo contra el agotamiento político de algunos líderes, carentes ya de ideas renovadoras, que sólo gobiernan con la vieja y manida inercia de sus defectos y virtudes (si las tienen o han tenido).

Y me dirijo a usted, ciudadano de a pie, que, como yo, muchas veces caemos en la cómoda costumbre de situarnos en un mentidero cualquiera, que puede ser una esquina, un local o una simple reunión de amigos con motivo de una comida de confraternidad y, bien cómodos, tratamos de arreglar el mundo en todos los ámbitos, especialmente el más cercano; criticando a diestro y siniestro las actuaciones de nuestros políticos. O lo que es igual, empleamos la misma demagogia que ellos emplean con nosotros prometiendo utopías irrealizables, con la peregrina idea de que exista algún tonto que se crea el cuento y les otorgue su confianza.

Como desahogo visceral, estos encendidos debates están bien para descargar el exceso de adrenalina acumulada en el cotidiano quehacer, pero con ellos no se resuelven ninguna de nuestras divergentes posturas sobre quién o quiénes lo hacen o lo han hecho mejor o peor. Nada de todo ello se podrá resolver si no acudimos a las urnas para ejercer, como dije antes, el privilegio del voto. Cambiar éste por un buche de vino o una dosis de crema solar resulta excesivamente prosaico para luego tener que asimilar, por nuestra trivialidad, la permanencia de otros cuatro años de gobierno a personas claramente reprobables. Los que esto hagan, con toda seguridad volverán a los mentideros para seguir criticándolo todo, obviando su propia falta de responsabilidad política al no poner en práctica el único mecanismo posible para tratar de cambiar las cosas. En definitiva, los que más protestan por todo suelen ser los menos proclives a intentar conseguir un rumbo más positivo para su municipio, isla o cámara legislativa regional. Por ello, en este comentario, me he dirigido casi exclusivamente a ellos, con la salvedad de los indecisos, que son los que pueden hacer inclinar de un lado u otro la balanza electoral.

Resulta meridianamente claro que por proximidad vecinal, especialmente en municipios pequeños, el alcalde resulta una figura casi familiar y mucho menos difusa que los señores que se sientan en una cámara para, supuestamente, crear o modificar leyes que sirvan para el beneficio del común; pese a que muchas veces, todo hay que decirlo, ésta se convierta en el último refugio de algún líder desgastado por los años o sus errores, a los que el partido les premia con la garantía económica de no tener que volver a integrarse en la cola del paro. Al menos mientras que los benefactores tengan mayoría suficiente como para permitirse el dispendio de reservar una parcela de escaños para estos menesteres y menesterosos.

Otro estamento que respira también proximidad, al igual que los ayuntamientos, es el cabildo, singularidad insular para el gobierno de cada uno de los territorios discontinuos que conforman este archipiélago. Su gestión suele ser también el otro espejo en que nos miramos todos los administrados, porque de él dependen casi todas las mejoras que se verifican en los municipios, especialmente en los de menor tamaño y precariedad comparativa de recursos respecto a los más poblados. Pero no sólo sus obligaciones se detienen en este concepto, sino que su abanico es mucho más amplio y comprende desde iniciativas sanitarias para cubrir zonas deficitarias hasta los temas sociales de gran importancia, por cuanto los ayuntamientos acostumbran minorizar las partidas para estos menesteres. También es loable el esfuerzo por la protección del medio ambiente y el fomento de la agricultura, para tratar de erradicar el éxodo de nuestros campos. La cultura, en todas las facetas, suele tener también un firme apoyo de este organismo; de igual modo que el turismo, principal motor económico de la Isla, y todos los complementos que contribuyen a la mejora o promoción de sus excelencias, como pueden ser las carreteras no estatales. Podría seguir enumerando algunas de las tantas obligaciones que tiene este querido estamento civil para el progreso insular, pero no voy a descubrir nada que se desconozca.

Del mismo modo que en el cabildo, pero mucho más localizado, la política municipal no difiere de éste, salvo en, como he dicho, la capacidad de inversión de recursos públicos que suele ser de menor cuantía por la limitación del presupuesto anual. Y son estos tres organismos, y los que los conformen a partir del próximo lunes (oficialmente el 16 de junio), los que tendrán que velar por los intereses de todos los canarios. En nuestras manos, repito, está la opción de dejar todo como está o intentar cambiar lo que no nos gusta el próximo domingo 27.

Y, puestos a profetizar, por todo lo enunciado, difícilmente perderán la mayoría absoluta los que gozan con la confianza de sus votantes; el dilema estará en los de nuevo cuño y si consiguen los votos suficientes para obtener la mayoría holgada como para gobernar la región; pues de lo contrario está ya definida la continuidad del pacto de la anterior legislatura, con la salvedad de que el representante canarión querrá garantías concretas como para que no dejen a los suyos sin cargos ni sueldos. Claro que todo dependerá de cómo se resuelvan las generales el próximo 2008. Si no podremos hacer o deshacer del todo, hagamos al menos lo posible por incluir a los menos en todos los organismos para que, si no hay mayorías, sus votos sean vitales para un gobierno de consenso.

jcvmonteverde@hotmail.com

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