COLPISA, Trípoli
Rendición o muerte. El Ejército libanés empezó a desplegar a mediodía de ayer numerosas unidades de combate en los muros ad- yacentes de Nahr al Bared en previsión de una segunda oleada de acciones militares destinada a aniquilar al grupo yihadista Fatah al Islam, que desde la trinchera de dos kilómetros cuadrados en que han convertido el campo de refugiados palestino, juraba de nuevo que combatirá "hasta la última gota de sangre".
"Respetaremos la tregua, pero no nos rendiremos. Si nos atacan, combatiremos hasta el final", reiteró el portavoz Abu Salim, que amenazó con que el grupo conserva capacidad para "continuar la lucha por otros nueve meses" y ex-tender la batalla fuera de Nahr al Bared.
El refuerzo de las posiciones de las Fuerzas Armadas en el perímetro del campo se producía a la vista de miles y miles de vecinos que aprovecharon una jornada de tregua efectiva para huir. Camiones con sacos terreros, barandillas, decenas de soldados y tanquetas artilladas se aproximaban al campo mientras la cadena libanesa LBC daba cuenta de negociaciones entre el Gobierno de Fuad Siniora y la Organización Para la Liberación de Palestina (OLP) para permitir de forma extraordinaria la penetración masiva de las tropas en Nahr al Bared en busca de los guerrilleros. Un asalto que supondría la primera entrada de soldados de Líbano en un campo de refugiados desde el acuerdo adoptado en El Cairo en 1969, que declaraba inaccesibles al Ejército los catorce establecidos a lo largo de todo el país, hasta ayer controlados por las facciones político-militares palestinas.
Las declaraciones del ministro de Defensa, Elias Murr -"no negociaremos con un grupo de criminales, su destino es la detención, y si se resisten, la muerte. Si no se rinden, la otra opción es la acción militar"-, y las de una fuente militar que prefirió conservar el anonimato -"el asunto no ha terminado, sólo terminará con el fin de esta banda"- abonaban la teoría de que la calma, sólo era el preludio de una nueva ofensiva.
De hecho, el máximo representante de la OLP en el Líbano, Abbas Ziki, declaró que su organización no se opondría a un asalto, siempre que primero fueran evacuados los alrededor de 20.000 civiles que quedan en Nahr al Bared. "Nosostros dijimos que Líba- no era soberano, y apoyaremos to-da decisión que considere de su interés", dijo. Y quizá en función de que una operación de desalojo ha comenzado, los uniformados encargados de custodiar los puestos de control de acceso al campo se emplearon en impedir la entrada de vecinos que rogaban poder volver a su casa para buscar documentos identificativos o enseres de valor.
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