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LOS REALEJOS

Una mujer halla dos cheques por valor de 126.000 euros y los entrega al banco

Juana García, que regenta con su marido un restaurante en el Botánico, ni siquiera contactó con la persona cuyo nombre aparecía en los talones en busca de una recompensa y asegura que hubiera hecho lo mismo de haber sido al portador.
24/may/07 07:00
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Juana sirve una caña en la barra de su pequeño restaurante. Ayer pudo cambiar su vida, pero, "por cómo soy, no podía hacer otra cosa"./ Á. MORALES
Juana sirve una caña en la barra de su pequeño restaurante. Ayer pudo cambiar su vida, pero, "por cómo soy, no podía hacer otra cosa"./ Á. MORALES

ÁLVARO MORALES, Pto. Cruz

Aún queda gente así, aún queda gente buena. Muchas veces se recurre a esta muletilla para resumir situaciones que, por bruscas e inesperadas, desnudan las formas de ser. ¿Qué haría usted si se encuentra dos cheques en la acera, uno de 6.000 y otro de 120.000 euros? ¿Llamaría a la persona cuyo nombre aparece en los talones en busca de una recompensa, aunque sea mínima? ¿Trataría de ingresarlos en un banco distinto, a riesgo de ser descubierto, pero con el fin de intentar quedarse con el dinero? ¿Entraría inmediatamente en el banco que emite el talón y lo entregaría explicando lo ocurrido? Esto último es lo que hizo en la mañana de ayer la realejera Juana García León, después de hallar en la acera cercana a la oficina de Bancaja en Los Realejos sendos cheques con esas cifras.

Lo curioso es que Juana ni siquiera sabía dónde estaba exactamente esa oficina a la que tenía que acudir. En compañía de su hermana, se dio cuenta de que en la acera había dos papeles con una forma muy parecida a los cheques. Los levantó, los leyó, supo a qué nombre estaban y las cantidades que representaban. No se lo pensó. Entró en la oficina inmediatamente y los entregó a una de las cajeras, que, como el resto de empleados y presentes, se quedó perpleja y llamó enseguida al "afortunado" que lo había perdido, pero que se topó con buena gente, como Juana.

Nuestra protagonista regenta junto a su marido, Juan Luis, un pequeño restaurante, El Majo, en la zona portuense del Botánico, justo enfrente de la entrada al hotel del mismo nombre. Ayer afirmaba que, de haber sido al portador, también los hubiese entregado, aunque no puede evitar que le irrumpan en la mente las posibilidades sobre lo que hubiese hecho con el dinero: "Pagar la hipoteca del restaurante, poner la entrada para una vivienda y viajar a Lanzarote para ver a los amigos", después de trabajar allí muchos años. Pero no, de momento seguirá con la hipoteca, sin viajar y sin casa, aunque con la conciencia tranquila.

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