LAS ELECCIONES LOCALES y autonómicas del domingo pasado ofrecen numerosos aspectos de gran interés para el análisis, como siempre ocurre. En términos generales los hechos más relevantes ya han sido suficientemente conocidos y estudiados estos días, y ahora cabría resumir la resaca electoral de esta manera:
En las elecciones locales, el Partido Popular obtiene más votos que sus competidores en toda España, pero el PSOE aumenta algo su poder municipal. Ambos pueden, pues, alardear de haber ganado, cada uno a su manera. En las autonómicas, la presencia de los grandes partidos en las trece Comunidades en que ha habido elecciones se ha mantenido en general donde estaba antes de la convocatoria a las urnas, y los cambios de signo previsibles en el gobierno de algunas de ellas obedecen más bien a las alianzas entre perdedores que a otra cosa, con muy pocas excepciones.
Pero estos resultados globales, en mi opinión, lo que significan es que la estrategia socialista -o, por mejor decir, zapaterista- de arrinconar al Partido Popular, tan obviamente diseñada desde el instante en que el PSOE ganó el 14 de marzo de 2004, y tan meticulosa y sistemáticamente puesta en práctica en estos tres años, ha fracasado en toda la línea. Desde este punto de vista, Mariano Rajoy ha superado un reto que implícitamente se le planteaba el día 27: el de consolidarse como líder del mayor partido de España en militancia (y ahora en votos populares a los Ayuntamientos del país). Rajoy no llegó a la Presidencia del PP tras un debate partidario para suceder a Aznar, sino que fue colocado por éste al frente del partido porque estaba destinado a gobernar; pero los hechos terribles del 11 de marzo de 2004 llevaron al PP de la mayoría absoluta a la oposición, y Rajoy estaba, de hecho, en la incómoda posición del que ha de ganarse el puesto cuando ya lo está ejerciendo.
Discurso nacional
Se ha dicho que esta convocatoria electoral ha sido falseada con unos discursos más propios de unas generales que de unas locales y autonómicas. En cierto modo eso es verdad. La razón de este fenómeno es doble: la podemos encontrar en un hecho que ha robado el protagonismo a todos los actores de este episodio, que es el regreso de los terroristas de la ETA, por medio de su brazo político, a las instituciones. Sólo ha pasado un par de semanas desde la luz verde otorgada por el fiscal general del Estado a ANV, el último seudónimo de Batasuna, y ya tenemos la perspectiva suficiente para poder afirmar sin error que todo esto forma parte del que Rodríguez Zapatero llama "proceso de paz", que ha comprometido al Estado con los asesinos, y ahora se están empezando a pagar, a la vista de todos, los precios exigidos por la organización criminal separatista.
Por otro lado, las elecciones generales están muy cerca, y pueden estarlo aún más si se adelantasen, cosa que no cabe descartar después de lo sucedido en Navarra: si se tradujesen los resultados del 27 en la presencia inmediata de ANV en el Gobierno foral con la connivencia de los socialistas navarros, podría provocarse un rechazo considerable al PSOE en el resto de España. ¿Cómo no tener presentes estas cosas en la campaña previa a estas elecciones, por más que teóricamente hayan sido municipales y autonómicas?
Rodríguez no lo tiene fácil, y sólo puede albergar la esperanza de que sus interlocutores de la ETA consideren que a ellos también les conviene no dañar en exceso las posibilidades de victoria del PSOE, porque un Gobierno del Partido Popular sería mucho peor para sus aspiraciones. Produce rubor tener que escribir esto, porque implica certificar la coincidencia de intereses entre el partido que gobierna España y los asesinos que pretenden desmembrarla, lo cual es tremendo. Pero así es.
Madrid, Navarra, Canarias
Destaquemos, finalmente, tres puntos concretos de los comicios del domingo pasado: Madrid, Navarra, Canarias, que a mi parecer tienen particular interés.
Madrid no sólo es importante por la capitalidad, por su poderío económico y su concentración de población, sino también porque es un punto de referencia política inevitable. Se sabía que en Madrid ganaría el Partido Popular, porque el PSOE madrileño no anda bien y persisten las querellas intestinas, que además ahora se agravaron por la irrupción del secretario de organización del PSOE, José Blanco (más conocido por Pepiño, apelativo que se le suele dedicar sin ánimo peyorativo, pero que a él parece que le ofende mucho), que entró como caballo en cacharrería por indicación de Rodríguez Zapatero. La imposición de Rafael Simancas y Miguel Sebastián como cabezas de lista para el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, respectivamente, ha sido literalmente un tiro que le ha salido al PSOE por la culata. Está por ver ahora el efecto que eso pueda tener en las próximas generales.
En Canarias, por el contrario, el empuje de Juan Fernando López Aguilar se ha traducido en un éxito sin paliativos para los socialistas. Pero la ley electoral podría hacer ahora gustar el mismo sabor amargo al ex ministro de la medicina que antes el PSOE dio a beber al PP en Galicia, por poner un ejemplo escandaloso. Rajoy ha propuesto a Rodríguez Zapatero el acuerdo de permitir que gobierne pacíficamente la lista más votada, y más concretamente ha ofrecido un canje: los socialistas favorecen el gobierno de UPN en Navarra, y el PP hace lo propio con el PSOE en las islas Canarias; Rodríguez no ha respondido ni sí, ni no, porque lo más probable es que confíe en una disposición de Coalición Canaria más favorable a socialistas que a populares, lo que le dejaría las manos libres en caso de que la presión de la ETA para el caso navarro fuera irresistible.
Ahora, pues, viene el capítulo de la traducción de las elecciones a términos de poder, y la preparación de las generales. No vamos a tener tiempo de aburrirnos.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD