NO LE PEDÍ CONFORMIDAD y en consecuencia no debo nombrarla. Podría hablar de maestras, de maestros en general, pero no quiero: mi amiga existe. Tiene cara, nombre, gestos, familia, amigos, emociones y desilusiones. De éstas le sobran. Y una vocación. Estudió por convicción. Le digo que está equivocada, que esa obsesión no es buena. Que sea realista y que ponga los pies en el suelo. ¿Pies en el suelo? Nadie conoce las asperezas de lo que pisa como ella. Sería mucho más feliz allá arriba. En las nubes. Si no bajara.
Dicen que la indefinición nos lleva a no marcharnos del nido. A permanecer el máximo tiempo posible al amparo de la cocina de mamá. Recoge un informe que, por aquí, sólo tres o cuatro de cada diez, entre los 18 y los 35 años, han dejado de vivir con sus padres. Se está tan bien? La comida en la mesa? Dejas la cama patas arriba y aparece hecha? Para qué aventurarse en el mundo exterior, ¿verdad?
El mismo informe aclara que no es un problema de falta de carácter. Que hay otras cosas menos etéreas que tiran más. Que son la clave de esa estadística de "presuntos flojos" que no saben lanzarse a la vida. Mi amiga -y como ella la mayoría- nada tiene que ver con los flojos. No se van de casa porque no tienen un euro. Así de claro. Los mileuristas son un lujo en Canarias. No digo yo que no sean generalidad en Madrid o Barcelona, pero aquí aún hay muchos sueldos por debajo de los mil euros.
Mi amiga la maestra, hastiada de presentar currículos en todo tipo de centros educativos, escuelas de infantil, guarderías, academias y en todo lo que huela a escuela, ya no pudo más. Los años de sacrificio engordando su currículum -asistencia a cinco mil cursos, presenciales, on-line, telefónicos?- sólo agravan su amargura. Mi amiga la maestra acaba de renunciar a ser maestra. Una renuncia sin palabras, sin manifiesto, sin constancia. Una renuncia de facto. Demasiadas entrevistas. Otros tantos desencantos.
Mi amiga ya trabaja. Nada que ver con la educación, ni con los títulos que acapara. Pero es dinero. Es pasta. La cosa está jodida. No hay más que trampas. Como para irse de casa. A ver quién es el listo que se mete en una hipoteca. Hasta en pareja es complicado encontrar algo decente. Calientes las elecciones, ardiendo los pactos, repartiéndose los poderes? ¿Saben nuestros políticos que las panaderías venden mucho menos pan a partir del día 20? ¿Saben la cantidad de gente que la única pasta que ve, a partir del día 20, son los macarrones o los fideos del rancho que se tienen que comer para llegar a fin de mes?
Querida amiga: entiendo tu desazón. Por independizarte trabajas casi en lo que sea y, aún así, no te llega. Algún día "triunfarás" en lo tuyo, aunque mira: la mitad de los profesores de Primaria y Secundaria reconoce estar desmotivado y las tres cuartas partes se acoge a la jubilación anticipada. No son buenos tiempos para la educación. No ha sido dignamente tratada. No temas. El día que llegues lo harás con tanta ilusión como si tuvieras veinte años. De eso vive ya mucho tiempo la enseñanza. De esfuerzos generosos, de entrega y de ganas? Ya está bien de regatear migajas. Basta de exigir sin dar nada.
La economía va bien. Viento en popa dicen que anda. Joder, pues menos mal. Mira que si fueran mal dadas...
(Por la dignificación del trabajo. A cuantos viven y trabajan por estas islas, sean maestros, comerciantes, albañiles, peones, políticos o aunque no sean nada).
Feliz domingo.
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