"La verdadera gloria echa raíces y se expande; los vanos pretendimientos
caen al suelo como las flores.
Lo falso no dura mucho".
Marco Tulio Cicerón.
"Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado.
Un esfuerzo total es una victoria completa".
Mahatma Gandhi.
NUNCA ANTES se había dado en España una situación similar a la que está viviendo el PSOE que, después de ganar unas elecciones generales, ha afrontado en condiciones pésimas unas municipales en las que ha sido incapaz de movilizar a su electorado. El mal llamado "Efecto Zapatero", que nunca existió realmente en el ánimo de los ciudadanos, se ha desinflado y a estas alturas del mandato sólo puede ofrecer globos sonda que rara vez han alcanzado meta alguna.
La mala gestión de nuestra economía, que después de más de tres años sigue viviendo de las rentas que dejó el buen hacer de los sucesivos gobiernos del Partido Popular, y la creciente preocupación en el país ante el rebrote del fenómeno terrorista, la inmigración y el desempleo, así como el alto precio de la vivienda son facturas de muy alto precio que los socialistas están comenzando a pagar.
Los españoles han hablado donde tenían que hacerlo y ya han dejado entrever un primer avance de lo que podrán ser las próximas elecciones generales, con un PSOE debilitado que está mostrando sus muchas carencias de base.
En Canarias, López Aguilar está muy nervioso y se le nota. Tenemos no pocos datos de que ha intentado seducir con dudosas artes a diputados electos de Coalición Canaria para contar con la mayoría absoluta que no ha conseguido en las urnas. Tácticas poco limpias que vuelven a evidenciar que las descalificaciones siempre se pagan.
Los ciudadanos han decidido que ninguna de las fuerzas políticas representadas en el Parlamento de Canarias cuente con diputados suficientes como para gobernar sin necesidad de pactos. Es una realidad que los socialistas canarios deben sopesar. En un sistema parlamentario como el que sustenta la madura democracia española los ciudadanos deciden la configuración de una cámara de representantes o diputados, y son éstos quienes deciden a posteriori quién de ellos es el presidente del gobierno.
Y dado que ningún partido ha logrado en Canarias los treinta y un diputados suficientes como para gobernar sin necesidad de alianzas, los retos pendientes de esta Tierra dependerán, ahora más que nunca, del diálogo de sus legítimos representantes.
Son muchas las necesidades de un Archipiélago que afronta un periodo clave para su impulso en el conjunto del país y de la propia Europa. Los canarios no podemos quedar descolgados de un proceso de convergencia comunitaria que ha de llevarnos a integrarnos, ahora sí, en un espacio único económico, académico y social desvinculado de la, hasta ahora predominante, política de la subvención y la limosna.
Una Canarias que, como parte integrante del primer mundo, globalizado, industrial, ha de mirar decididamente hacia las nuevas tecnologías y las posibilidades de la comunicación, que sólo serán posibles cuando solventemos las muchas carencias de una sociedad que no puede permitirse el lujo de soportar bolsas de pobreza y marginalidad que afectan a casi un tercio de su población.
Y, por supuesto, unas Islas que deben de emprender, de una vez por todas, una tercera descentralización que evite que seamos los españoles con más trabas burocráticas. Agricultores, empresarios y ciudadanos en general no merecen tener como techo hasta tres administraciones públicas que obstaculicen más que faciliten su quehacer diario.
Es tiempo de que el Gobierno de Canarias deje de inflar sus competencias y delegue en mayor medida en las instituciones más cercanas al vecino, cabildos y ayuntamientos, verdaderos gobiernos insulares y municipales que han alcanzado sobradamente su mayoría de edad.
Todo ello sin perder de vista que vivimos en la única comunidad autónoma donde los votos siguen perdiéndose sin remisión por culpa de una ley electoral desfasada e injusta que el Parlamento saliente no ha sido capaz de modificar por el bien de todos.
La indecisión del PSOE y Coalición Canaria, preocupados en elaborar un estatuto de autonomía ficticio y ausente de la realidad de las Islas, ha provocado que se hayan perdido más de cien mil sufragios, cifra nada desdeñable en un censo de apenas un millón y medio de personas con derecho a voto.
Esta falta de voluntad ha motivado que la correlación de fuerzas en el Archipiélago no se haya visto acompañada de un reparto más justo de escaños en el Parlamento de Canarias. Somos merecedores de que la más importante institución de nuestra democracia sea fiel reflejo del sentir de nuestra sociedad, y ya está tardando en llegar un pacto sensato que ponga fin a una situación insólita en el mundo.
En unas Islas que son conscientes de que deben trabajar por el bien común de todos sus habitantes ya no tiene sentido este reparto de cuotas de poder entre territorios que son iguales. Los recelos que pudieron existir en los primeros pasos de nuestra democracia ya no justifican este sistema de paridades y mínimos electorales que dejan sin utilidad alguna los votos de casi un diez por ciento de los votantes.
Quedan todavía lecturas por hacer después de un proceso que ha dejado más abierto que nunca el panorama político en el conjunto de España. Sólo hay una cosa clara, y es que los errores del PSOE van a motivar que la estancia de Rodríguez Zapatero al frente del gobierno sea efímera. Mucho tendrá que esforzarse por mantener a salvo su posición, incluso ante unas eventuales elecciones anticipadas.
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