Después de ver el partido gracias al indudable esfuerzo de mis compañeros y amigos de la presunta ¡C!, un puñado de grandes profesionales a los que envío mi solidaridad y acompañamiento, y recordando que el presidente Concepción, mi entrañable Dr.Tanausú, anuncia el fichaje de siete godos nuevos, y, en fin, un renovado desembarco, me he tornado tembloroso, estremecido y palpitante. No diré que estoy exactamente "vibratorio", puesto que no soy un teléfono móvil, joder, y, en otra acepción del término, a pesar de mis 48 para 49, gracias a Dios emtodabía no he dejado de serlo.
El temblique no se relaciona con el anuncio en si mismo, si quieren que les escriba mi verdad, tanto como la tendencia al dispendio del botarate, el celebérrimo Alfonsín Beckhenbauer del Niño Ozú, a quien se ha encomendado la dirección del peligrosísimo casting; anglicismo, para que ustedes me entiendan, que refiere el conjunto de godos o guiris que intervienen -o deben intervenir, al menos- en la acción, o, probablemente, inacción escénicas. A mí no me gusta marear la perdiz, créanme, y si en todo caso éste fuera mi hobby, también me aburriría considerablemente, puesto que albergo la sensación de que -sólo con el impacto del celtibérico vaho del eximio director especulativo- el ave ya incorpora un pedo espectacular.
Aquí, esmochados emocionalmente, no ganamos para sorpresas. No me malinterpreten, porque, aún cuando es cierto escribo bajo los efectos psicosomáticos del encochinamiento producido por el partido y el resultado de ayer, yo ya calculaba que íbamos a perder contra el Vecindario. A pesar de mi asombroso parecido con Rappel, soy más mago que hechicero, y a mucha honra, pero -sabiendo que no jugaban Frangollowsky ni Raúl Sánchez, dos de las grandes celebridades extraídas e incorporadas desde el banco de datos de Alfonsín Platini Beato Jordán Serranito- la derrota del Tenerife estaba más que cantada. No ganamos para sorpresas, ya les dije, y, en fin, al respecto de la gran puntería de nuestro excelso director expelido en la composición del Tenerife 2006-2007, sólo me faltaba por conocer la felina, lince y escurridiza virtud del guardanada, también invento suyo, Raúl Nabo; otro Raúl, en fin, como si no tuviéramos poco con el original, uno fichado para meter goles y no ejercer la caridad con el portero adversario y otro para detener lanzamientos y no oficiar como Ong (Regalitos sin Fronteras) de los raúles contrarios.
No ganamos para sorpresas, ya digo, y, pensando que mi amigo Miguel Concepción ha dado carta blanca a nuestro futbólogo, el muy conspicuo Alfonsín, les confieso que -a medida que escribo- me se está encogiendo el pecho y me se está trepando el corazón en el cogote; de tal forma y manera que (ya les adelanto) podría ser que, avanzada una especie de necrosis isquémica en la punta del nombrete del porterito, yo folleciera antes de terminar esta columna. Siento una torsión brutal en el órgano y una hernia fiscal que te cagas, pero espero que me se vaiga quitando, a medida que -autosugestionándome- me hago a la idea de que Juan Amadator ha hecho justicia, con el pronto que lo distingue, y (ataviándolo con dos manguitos de Mickey Mouse) ha botado a Alfonsín Bobyto Charlton Crisóstomo Mártir por la punta del muelle. Si lanzo una exclamación antes de terminar, "¡aaaaaaaaaaggggg!" o algo así, feliciten al director coercitivo -el cual me se ocurre que podría ser un gran chófer para el tranvía- y santas pascuas.
El encochinamiento de la derrota tiene varias atenuantes, sinceramente, porque siento una gran simpatía por la Unión Deportiva Vecindario, club que me enamoró en Valencia en la fecha de su ascenso (noticia que cubrí para TVEC); simpatía que dedico igualmente a su presidente, Manolo Suárez, a su entrenador -ex nuestro- Fernando Castro Santos y a mi amigo, chasnerísimo, Ciani. Lamento que el técnico, el Casto y Santo Fernando como yo lo apodé cuando él intentaba educar a Emerson y a la Mercenaria Band, no haya dado más minutos de juego a mi paisano, sinceramente, pero se lo perdono, porque tal vez nadie le dijo que -como yo, pero joven y lozano- Ciani es contrario al Jilipuerto Industrial de Granadilla.
A causa del flechazo de la fecha de su ascenso en el estadio levantino, soy socio de la Unión Deportiva Vecindario, perras las cuales debo precisamente a Ciani, pero soy socio, amante, novio, marido, masajista, fisioterapuerta y lo que haga falta del Tenerife, mi equipo del alma, por lo que -aún cuando me alivia que los puntos se vayan a Santa Lucía-, no puedo aducir que tenga el "corazón partío" y mucho menos pedir por señas, como el sinvergüenza de Alejandro Sanz, "tetitas para este corazón partío".
El Tenerife 2007-2008 es lo que me tiene el "corazón partío", porque, en manos de Alfonsín Lothar Matthädus Nonato Apóstol, nuestro equipo será más proyectil que proyecto.
¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaggggggggggggggg! ¡Ayúdame, Cianiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Help me, Casucooooooooooooooooo!
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