ERICK CANINO, S/C de Tfe.
Había que escuchar al caballero: "Bueno, por fin estamos dentro. Después de tantas obras ahora tenemos la oportunidad de hacer nosotros el examen. Tengo mucha curiosidad. Como para que al final el invento no tenga una utilidad real. Después de tantas obras..." Ayer, los vehículos del tranvía iban repletos de ojos de niños. No importó tanto la edad. Octogenarios, treintañeros, adolescentes... La curiosidad vertebró toda la jornada inaugural. Los ojos diáfanos. Los primeros metros para ver y moldear la crítica. Como los seguidores de fútbol, todos seleccionadores nacionales; ayer todos montaron para hacer su crítica.
Escena 1º.- El acontecimiento social madrugó más que el protocolo. Las primeras colas en alguna de las paradas se formaron a las 10:30 de la mañana. ¡A las 10:30! El tranvía, ayer gratuito, recibió la visita de miles de ciudadanos. Fue la jornada del estreno oficial. Un día histórico, como aquel lejano 7 de abril de 1901. Entonces fue el momento de partida del antiguo transporte guiado de Tenerife, aquel que llegó a unir Santa Cruz con Tacoronte y que se mantuvo activo hasta 1956. En el presente se habla de un paso decidido hacia el futuro, de ganarle tiempo al tiempo y encuadrar al área metropolitana en un marco de comunicación moderno y eficaz: "Para la calidad de vida de nuestros ciudadanos". Bordeando el mesianismo político, ayer fue el turno para los ciudadanos. De sus ojos de niños y de su generosa capacidad de crítica. Y en este punto, igualito que los seguidores de fútbol. Cada uno con selección. Cada uno con su libro de cuentas y devengos.
Como aquel señor del primer párrafo. "No saben lo que he padecido. Durante mucho tiempo las obras delante de mi casa me impidieron aparcar con comodidad el coche en el garaje. Fueron tantas molestias. Bueno, por fin estamos dentro".
Escena 2º.- La sensación de estar haciendo historia se encausó a conciencia con un presente lúdico. Metropolitano de Tenerife hilvanó la jornada con espectáculos, muestras culturales, regalos y juegos. Cada parada tuvo su oferta y lugares emblemáticos como la avenida de La Trinidad concentró buena parte de este apéndice alternativo: batucadas, castillos hinchables, cientos de pinos canarios en versión reducida y un esplendoroso quiosco en el que se repartió buen queso y buen vino canario. Quizás por esto mismo, en el trayecto de regreso hacia Santa Cruz (largo paseo de una hora y media de un extremo a otro de los doce kilómetros de vía, ¡una hora y media!) hubo ánimos para entonar el cancionero al uso y convertir por momento al tranvía en una romería de alcance metropolitano. Festejos al margen, en el interior del vehículo, para este examen parcial de la ciudadanía, en algunos casos fue determinante el peso excesivo de las agujas del reloj. Pero lo de ayer fue sólo el primer día, la primera prueba. Oportunidad habrá hasta cansarnos. ¿Y el señor del primer párrafo? Perdido en sus cuentas. "No, no, tranquilo. Yo todavía no salgo. Ahora que estoy dentro yo no me bajo hasta el lunes, hasta que venga el revisor, por lo menos".
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