ENHORABUENA a quienes, como consecuencia de lo votado por los ciudadanos, podrán gobernar en cualquiera de los ámbitos objeto de las elecciones. Pero enhorabuena a todos porque, de algún modo, estoy seguro de que esta tierra canaria se va a beneficiar en los próximos cuatro años del bienhacer de nuestros políticos. Sea en el gobierno o en la oposición, creo, espero y deseo que todos tengan un objetivo único: Canarias y sus gentes.
Porque no nos olvidemos, pese a quien pese, de que hay muchas personas bajo el umbral de la pobreza; muchas personas que, desgraciadamente, pasan hambre, carecen de un techo o de un hogar, se les conculcan los derechos fundamentales, como el de tener una vivienda digna, una educación básica, una sanidad adecuada, una justicia que no les discrimine por su situación, un trabajo decente, etcétera. Muchas personas, incluso jóvenes, que nos están reclamando cursos de formación para poder acceder a la inserción laboral, y no se lo podemos ofrecer porque aún no se ha publicado ninguna convocatoria desde que finalizaron las últimas, en octubre de 2006.
Y doy las gracias a todos cuantos antes o durante la campaña electoral han visitado algunos de los centros que Cáritas tiene para atender y/o acoger a personas sin techo, inmigrantes, enfermos de sida, mujeres con niños en exclusión y, en algunos casos, con violencia de género, personas mayores, talleres para formación y apoyo a la inserción laboral, etcétera. Y les pido a todos ellos, aunque estén en la oposición, que no se olviden de todo aquello que nos prometieron. Porque no fueron promesas banales, sino basadas en lo que sus propios ojos vieron. Y lo que vieron no es ni más ni menos que la realidad cruda de la situación de muchas personas que, parece mentira, en pleno siglo XXI estén así; y pudieron también comprobar los esfuerzos que lleva a cabo Cáritas para paliar la gran desesperación que produce en esas gentes la exclusión, y ayudarles a superarla.
El próximo día 10 celebraremos la festividad del Corpus Christi. Un día muy especial, porque no es sólo un día de fiesta más en el que con primor, amor y esmero nos dedicamos a hacer las alfombras en todos los lugares de nuestra tierra, sino que ese día tiene una finalidad: proclamar la fe, nuestra profunda fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Y también el 10 de junio celebramos el Día de Caridad. Un día muy particular para Cáritas; es el día del compartir fraterno; el día en que, sin olvidar el resto del año, compartimos lo que tenemos con aquellos que, sin tener nada, nos regalan una preciosa sonrisa cuando nos preocupamos por ellos, les saludamos o les hablamos: los últimos y no atendidos.
Queridos hermanos y hermanas, queridos amigos y amigas: hoy es 3 de junio y ya estamos estrenando mes. También nos hallamos ante el primer domingo de este junio que, como todos ya saben, las colectas que se obtengan en las misas de todas las parroquias van destinadas a Cáritas, para que gestionemos esos dineros y ayudemos a salir del agujero en que se encuentran algo más de 6.800 familias que pasan por nuestros lugares de atención. ¡Ayudémosles! No caigamos en el olvido. Sólo bastaría con que mirásemos fijamente a los ojos de un indigente durante unos segundos; esa mirada no la olvidaríamos nunca, se convertiría en ciento y una preguntas que nos martillearían el cerebro, día tras día.
Me estoy acordando en estos momentos de un pronunciamiento de intenciones que se hizo público allá por el año 2001, si mal no recuerdo. Se titulaba "Objetivos de Desarrollo del Milenio", y en él uno de esos objetivos, concretamente el uno, decía que "reducirían a la mitad en el año 2015 el porcentaje de personas cuyos ingresos sean inferiores a un dólar por día, y el de personas que padecen hambre". Y, ¿saben ustedes qué? Pues que, según la Fao, si seguimos por el camino que vamos, este objetivo no se alcanzará hasta el año 2150. En esas circunstancias, pienso irónicamente que ha habido un "baile" de números, ¿no?
También se nos dice (aunque en Cáritas ya lo sabemos de sobra) que las personas pobres son cada vez más pobres y que 1.100 millones de personas en el mundo viven en condiciones de pobreza extrema y 1.600 en situación de pobreza. Nada más y nada menos que el 40% de la Humanidad. Pero bien, vale, ¿qué puedo hacer yo?, se preguntará usted. Sólo tengo una respuesta: un grano tras otro, al final forman un hermoso granero.
No nos despreocupemos después de leer esto porque las cifras sean a nivel mundial. Nos repercuten a nosotros también. En ese 40% están los nuestros; sí, los que, sin usted saberlo, pasan hambre. Vivimos en una sociedad en que no sabemos nada de nuestro vecino, que apenas hablamos con él algo más del "buenos días" o "buenas tardes" (en ocasiones, ni eso)... ¡Pero sí estamos cansados de ver en TV, oír por la radio o leer en la prensa que fue descubierto en tal o cual vivienda el cadáver de un anciano que llevaba un año muerto! Si no nos hemos preocupado por ello, ¿vamos a hacerlo por el del 5º A, que está pasando hambre? Es posible que, si lo supiésemos, alguno dijera: "Él se lo ha buscado, que trabaje".
* Director de Cáritas
Diocesana de Tenerife
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