Por los informes negativos que llegan a España sabemos que nuestros hijos están a la cola de Europa en la enseñanza, en absentismo y en fracaso escolar, ya que el 30,8% de los estudiantes españoles, o lo que es lo mismo uno de cada tres jóvenes, abandona los estudios. 21 países de la Unión Europea (UE) muestran mejores resultados que en España. Sólo Malta y Portugal superan nuestro fracaso escolar. Este fracaso es un hecho incuestionable, ya que el 30% de los jóvenes entre 18 y 24 años no estudia absolutamente nada. Una cifra que dobla la media de abandono de los estudios a estas edades en la UE, que es del 15%. Todos los informes elaborados recientemente, como la OCDE, la UNESCO, o la propia UE, constatan que la educación en España tiene deficiencias estructurales graves. Estudios como el informe PISA, coinciden en los tres factores negativos básicos que reúne nuestro país: Insuficiente inversión en educación, estrepitoso fracaso escolar y baja calidad de la enseñanza. Precisamente, el último informe PISA también muestra que España tiene uno de los índices europeos más elevados de jóvenes que sólo han acabado estudios primarios; sólo Turquía, Portugal y Grecia están peores. Para disimular estas cotas tan negativas, al Gobierno de la nación no se le ha ocurrido otra cosa que modificar el bachillerato con la intención de que los chicos-as puedan promocionar de un curso a otro, falseando las estadísticas.
En efecto. La propuesta que el Ministerio de Educación ha planteado con respecto al bachillerato, consiste en que los alumnos promocionen de curso con la mitad de las asignaturas suspendidas y puedan matricularse sólo de las que les hayan quedado pendientes, con el fin de que no tengan que repetir el curso entero suspendido. Esta medida supone una ampliación encubierta de la duración del bachillerato, que es el más corto de Europa. Así pues, lo que el Gobierno pretende con esta reforma es huir hacia adelante para alcanzar los objetivos fijados en la cumbre de Lisboa. O sea, que en el año 2010, el 80% de los alumnos logre el título de Graduado en Bachillerato. Una absurda fórmula para acabar con el fracaso escolar. Esta modificación no deja de ser más que una chapuza que podrá originar un caos organizativo, a la vez que creará serios problemas para la formación de nuestros hijos.
Veamos. El bachillerato tiene por finalidad permitir el acceso a la universidad y no es una etapa educativa en la escolarización general. Los alumnos deben adquirir los aprendizajes y destrezas suficientes para acceder a los estudios superiores con garantías de concluirlos, pues, de lo contrario, se estrellarán en las facultades y escuelas.
Mientras se sigan poniendo parches en la educación, seguirán creciendo niños y adolescentes que en la edad de acabar las carreras todavía tienen faltas de ortografía, no saben expresarse y son unos inmaduros, ya que no se les estimula a que sean más trabajadores y responsables, sino que se les fomenta la ley del mínimo esfuerzo.
Con el actual plan de educación (LOE) y con la tolerancia y permisividad de los padres estamos consiguiendo tener a los más grandes irresponsables de Europa, los menos cultos, los más absentistas y los de mayor fracaso escolar. El Gobierno, en vez de preocuparse porque la enseñanza tenga calidad y darles a los jóvenes una formación suficiente, de lo que se va a preocupar es de que no nos saquen los colores en Europa por tener tan malos estudiantes.
¿No resulta más efectivo que en vez de rebajar la calidad de la enseñanza, se refuerce a los niños que lo necesiten con planes de apoyo, grupos de apoyo y profesores de apoyo para ayudarles? Lo demás es aplazar el fracaso y engañar a los padres y a los alumnos.
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