MENTALIZADO DE QUE TENEMOS que ahorrar luz y agua, he regulado en mi casa el caudal de las distintas llaves así como ir sustituyendo las bombillas por las de bajo consumo, amén de mentalizar al resto de los moradores de casa con el fin de evitar tener grifos abiertos y luces encendidas. También reducir la descarga de las cisternas y utilizar la ducha en lugar de la bañera, manteniendo apagados los pilotos del mando a distancia que consumen tanto como una nevera.
El resultado es que prácticamente he reducido el consumo en un cincuenta por ciento.
Fruto de este propósito es el control de mis facturas, y me han llamado la atención las de Emmasa que, a menor consumo, menor tarifa. Pero he caído en la cuenta de que facturan cada dos meses, con lo cual la minitarifa siempre se rebasa, entrando, como es mi caso, en las tarifas máximas.
Me he permitido rehacer mi factura bimensual, desglosándola como mensual, y de 100,43 euros por dos meses se me reduce a 79,20, o sea que si me facturaran por mes me ahorraría 20,51 euros.
Ahora es la eléctrica quien anuncia que va a facturar trimestralmente y que, según consumo, puede recargar hasta un 5% la tarifa, lo cual no me parece justo. Y me explico.
Es posible que aún se malgaste agua y luz, seguro. Pero en muchos casos un consumo algo elevado puede estar motivado por ser familias numerosas, o por tener ancianos o enfermos que precisan cuidados especiales, con lo cual encima se les penaliza con el recargo. Flaco favor se les hace.
El ahorrar energía y agua es muy importante, pero la solución no está en terminar de reventar las economías familiares, sino más bien en realizar unas buenas campañas enseñándonos a ahorrar estas energías, facturando a todos por igual.
Si a estas subidas le sumamos la subida de los intereses de las hipotecas, crudo se está poniendo el panorama.
Y si a eso le añadimos las ofertas de créditos, a las que quien está con el agua hasta el cuello se aferra como tabla de salvación, muchas viviendas serán embargadas y subastadas por falta de pago.
Y eso no es ser pesimista. Tal vez hemos perdido el sentido del ahorro -o quizá no nos llega el sueldo para poder hacerlo- pero estamos sumergidos en un consumo brutal para salir del cual hay que tener valentía ya que, frecuentemente, gastamos lo que no tenemos por aquello del qué dirán.
Y de esto poco hablan nuestros políticos, cuyos sustanciosos sueldos y dietas les permiten eso y más.
Me pregunto ¿quién autoriza esas tarifas?, ¿las revisan?, ¿tendrán en cuenta este comentario? ¿Y las asociaciones de consumidores? ¿Y los partidos políticos?
Como dice el cantar "el que tenga un jamón que lo cuide, que lo cuide, la salud y la platita que no la tire, que no la tire".
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