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Zapatero y Rajoy escenifican el incipiente consenso antiterrorista en el Congreso

Por primera vez en el último año, ni ETA ni Batasuna acapararon el debate entre Gobierno y oposición en la sesión de control parlamentario. Las discrepancias se centraron en la jornada de ayer en empleo, educación o inmigración.
14/jun/07 02:10
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COLPISA, Madrid

José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy escenificaron en el Congreso el incipiente consenso antiterrorista que fraguaron 72 horas antes en el palacio de La Moncloa. Por primera vez en el último año, ni ETA ni Batasuna acapararon el debate entre el Gobierno y la oposición en la sesión de control parlamentario. Las discrepancias, sin embargo, no desaparecieron con el nuevo clima, sólo que se centraron en empleo, educación o inmigración, áreas en las que hasta ahora la confrontación había sido un asunto menor y la crispación casi inexistente.

Las hojas del calendario dieron marcha atrás. Desde junio de 2006, a raíz de la reunión de los socialistas vascos con Batasuna, el "proceso de paz" y la política antiterrorista se convirtieron en la cruz de guía de la oposición para poner en tela de juicio toda la actuación gubernamental. ETA y Batasuna han protagonizado desde entonces casi todas las preguntas de Rajoy y los principales dirigentes del PP a Zapatero. Hasta ayer. Rajoy, Acebes y Zaplana cambiaron de registro y se lanzaron por la pendiente de preguntas generales.

Pregunta "absurda"

El resultado fue que los abucheos y la bronca desaparecieron del hemiciclo para dar paso a unos expresivos silencios acompañados de sonrisas sardónicas por el tenor del debate. Los antecedentes ya hacían presagiar los pacíficos derroteros por los que iba a transcurrir el debate. Rajoy, unas horas antes de la sesión de control, admitía en conversación con Zaplana que su pregunta -"¿cuáles son los objetivos políticos del Gobierno hasta el final de la legislatura?"- era "absurda" y que, además, ni siquiera la había preparado. "¡Anda que yo!", replicó Zaplana, quien interrogó a la vicepresidenta sobre si consideraba que la actividad legislativa gubernamental "ha estado en consonancia con los principales problemas de los españoles".

Otro síntoma de la concordia renacida fue la designación del interlocutor del PP con el ministro del Interior, tarea que desempeñaba Zaplana, y que a partir de ahora recaerá en Ignacio Astarloa, un hombre de la estrecha confianza del líder popular. Astarloa, como secretario de Estado de Seguridad en la pasada legislatura, ya desempeñó una función similar con Alfredo Pérez Rubalcaba, pero con los papeles cambiados. Rajoy demostró con este paso que más allá de la retórica sobre el consenso, cree, según fuentes cercanas al líder del PP, que habrá un cauce de comunicación "directo y estable" con la oposición como el que existió en la pasada legislatura.

Reproches

Rajoy no quiso renunciar a su papel fustigador de Zapatero, al que reprochó ocuparse durante estos tres años largos de legislatura de "los asuntos que la mayoría de los españoles no demandaban", en velada alusión al intento de lograr el final dialogado de la violencia y las reformas estatutarias. Puso el acento, además, en que durante "los pocos meses" que quedan hasta las elecciones "pocas cosas" va a poder hacer el Gobierno.

Rajoy reclamó también al presidente del Gobierno que, por lo menos, "no cree más problemas de los que ha creado" en las distintas vertientes de la política gubernamental. Rajoy, pese a todo, no se resistió a introducir, aunque fuera de rondón y con una elipsis, la lu-cha contra ETA y emplazó a Zapatero a cumplir con "lo que se comprometió el lunes: luchar con eficacia contra el problema más importante para los españoles".

El jefe del Ejecutivo obvió esta alusión a la política antiterrorista y, provisto de una nutrida batería de estadísticas, respondió con datos sobre el crecimiento de la economía y del empleo, la extensión de derechos y libertades, la ampliación de las políticas sociales, las personas que se beneficiarán de la ley de dependencia, los kilómetros construidos de autovía y de líneas férreas de alta velocidad, la estrategia contra el cambio climático, los tres millones de nuevos puestos de trabajo, la reducción de la tasa de paro por debajo del 8% o los ocho millones de mujeres ocupadas.

Ni la menor alusión a lucha antiterrorista y Batasuna, pero sí un reproche a Rajoy a propósito de la labor realizada por el Ejecutivo: "Si le parece mal es que no sabe lo que le interesa a España y a los españoles".

Tanto el presidente del Gobierno como el líder de la oposición cosecharon prolongadas y calurosas ovaciones de sus respectivas bancadas. En esto, al menos, las costumbres no cambiaron.

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