... La era Rivero se abre hoy con sensibles diferencias respecto a etapas anteriores como, por ejemplo, la que se cierra, la de Adán Martín. Para empezar, los nacionalistas no materializan su sempiterna teoría de que lo más lógico es pactar con la fuerza política que gobierna en Madrid, acaso porque con Juan Fernando López Aguilar, que entró en la política canaria como un elefante en una cacharrería, ha resultado harto difícil, en la práctica imposible, articular pacto alguno; acaso porque, en esta ocasión, pactar con los socialistas significaba para CC perder la Presidencia, y a eso no estaban dispuestos. La nueva era se abre, además, con un pacto más sólido que el anterior entre nacionalistas y populares, un argumento que se justifica en que, en caso de ruptura, ambos tienen mucho que perder, por no decir casi todo, y poco que ganar, por no decir casi nada. Si el pacto se quebrara, la opción de CC de alcanzar un acuerdo con los socialistas pondría en riesgo la cabeza del Ejecutivo, además de la preeminencia en muchas otras instituciones. De la misma forma, al PP, perdidos sus dos principales fortines, el Cabildo de Gran Canaria y el Ayuntamiento de Las Palmas, lo único que le queda es su presencia en el Gobierno. Se abre, asimismo, una era en la que los dos principales responsables de las formaciones políticas que han suscrito el pacto ocupan los dos puestos de mayor importancia del Ejecutivo, lo que evitará situaciones tan pintorescas como las vividas en la etapa de Adán Martín, cuando la Vicepresidencia real la ejercía el líder de los populares, entonces presidente del Cabildo grancanario, José Manuel Soria, influyendo considerablemente sobre las decisiones que adoptaban los consejeros de su partido.
... Por todo, la era Rivero, debido a las circunstancias, especialmente la mayor debilidad del PP con respecto a la anterior legislatura, nace con un Gobierno más fuerte y sólido, menos dado a los vaivenes que caracterizaron al anterior mandato. Si el guión se desarrolla según lo previsto, lo más destacado de los próximos años no serán los enfrentamientos en el seno del propio Ejecutivo, tal ha sido el panorama en la etapa que ahora concluye, sino la encarnizada lucha entre el Gobierno y la oposición que se deduce de las contundentes afirmaciones realizadas por López Aguilar sobre cuál va a ser su actitud en el Parlamento.
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