EL NUEVO presidente de la asociación de la llamada Zona Centro de Comerciantes de Santa Cruz, don José Manuel Ramos, responsable de una joyería en dicho sector, en unas declaraciones a este periódico afirma que "la ciudad está muerta el fin de semana". Un servidor, que ya trabajaba en EL DÍA cuando el rotativo tenía su dirección, su redacción y sus talleres en la calle de Valentín Sanz, o del Norte, que era su antiguo nombre, en el mismo cogollo de la Zona Centro, frente al legendario "Café El Águila", centro de tertulias literarias, musicales y de todo lo que se refiera al arte, fue un antiguo observador del desarrollo de este "polígono comercial" que llamaríamos hoy siguiendo la moda. La Casa de EL DÍA tenía en frente, además del "Café El Águila", en la esquina San José con Norte, a la derecha, el que fue famoso establecimiento de la "Viuda de Gil y Compañía", que la gente denominaba "Viuda de Gil y Cía". Y en la esquina de la izquierda, la tienda de modas y tejidos de don Raimundo Rieu, que llamaban "el Francés". En la misma acera, a la derecha, el edificio lindaba con el establecimiento de Alberto Martín, y éste con el Banco Exterior de España, que hacía esquina con Castillo. A la derecha, se situaba la Librería de Germinal Bello, que hacía esquina con la calle de Pérez Galdós, donde estaba situada la sede de la Caja General de Ahorros y Monte de Piedad, hoy CajaCanarias. Seguía, en la misma acera y pasada la desembocadura de Pérez Galdós en Norte, la sede del Banco Hispano-Americano. Calle San José abajo, además de los estudios de los conocidos fotógrafos Adalberto Benítez y Trino Garriga, frente por frente, se situaban en ambas márgenes multitud de comercios, algunos de los cuales persisten aún.
Era, efectivamente, un "polígono comercial" perfectamente definido, con las calles del Castillo, plaza de la Candelaria, Cruz Verde, Candelaria y otras vías que llegaban hasta la calle de Imeldo Serís o Barranquillo, así como a las vías del Doctor Allart, popularmente, la calle del Sol y otras menores. Las amplias ventanas de la Redacción hacia toda la zona mostraban un paso continuo de gente con entradas y salidas a todos los comercios y a los bares, que también abundaban. En festivo o domingo, con las tiendas cerradas, naturalmente disminuía el gentío, pero la ciudad no quedaba "muerta" en los fines de semana, aunque sí, digamos, "menos viva", porque estaba el paseo en las plazas, avenidas y otros lugares de reunión. Entonces había mucho movimiento, sobre todo a la salida de la misa dominical. Pasaban también los que iban a ver los escaparates. Y cuando había barcos con turistas en nuestro puerto, la apertura de las tiendas de los indios, principalmente, atendían a estos clientes. Eso no se ve hoy. Cierran los comercios los domingos y festivos, y los turistas que antes animaban la zona ahora no tienen dónde ir porque todo está cerrado. Un servidor ha escrito sobre este cambio de costumbres que considera nocivo para Santa Cruz y repite que la solución del problema de la "muerte" ciudadana está solamente en manos de los comerciantes de la Zona Centro, así como en la atención nocturna a los pasajeros que venían de paso la llevada, repito, el comercio hindú. Eran otros tiempos en que el trabajo superaba al ocio. Hoy, los turistas nocturnos no bajan a tierra porque encuentran una ciudad desierta, y pocos lo hacen en festivo, cuando encuentran cerrados hasta los bares.
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