NUESTRO EDITORIAL de ayer no ha caído en saco roto, según se desprende de las llamadas telefónicas y correos electrónicos recibidos en apoyo de las tesis defendidas en dicho texto. Son muchos los que no acaban de entender la sinrazón de este nacionalismo que dice defender Coalición Canaria y que le ha llevado a pactar con el Partido Popular una reforma del Estatuto de Autonomía bastante descafeinada. Empezando por el preámbulo de dicho documento, donde se define a Canarias como Archipiélago Atlántico "en el marco de la unidad de la Nación Española", y siguiendo por el mantenimiento de algo tan fácil de corregir como las que desde estas líneas hemos venido llamando "tres mentiras".
No comprenden que una cosa tan injusta no se rectifique y que el Estatuto de Autonomía de todos los canarios siga beneficiando a una sola isla, Canaria, a la que se continúa calificando de "gran", cuando toda la cartografía ha demostrado que esta referencia era a su pueblo y no a su territorio. Tampoco entra en cabeza alguna que Tenerife permanezca en el último lugar a la hora enumerar las islas que componen el Archipiélago, por mantener el criterio del orden alfabético, lo que no ocurre en ningún lugar del mundo, y que en el escudo de la Comunidad Autónoma se haya cometido la vileza de reducir el tamaño de Tenerife, que siempre ha sido la mayor, entre otras cosas, por acoger el pico más alto de España, declarado recientemente Patrimonio Natural de la Humanidad, un reconocimiento que debería hacer recapacitar a los promotores y revisar el diseño del citado emblema.
Contra la lógica no se puede luchar y si el Gobierno que conforme el candidato de CC en los próximos días no corrige estos despropósitos, está condenado al fracaso. Confiamos en que Paulino Rivero sepa discernir lo importante de lo secundario y rectifique dichos errores, pues, en caso contrario, el nacionalismo que asegura defender tiene los días contados.
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También hemos recibido muchas muestras de apoyo al tranvía, un elemento integrador cuya bella estampa sirve para mejorar aún más la estética de Santa Cruz y La Laguna. La gente lo ha hecho tan suyo que da la impresión de que lleva funcionando años y no meses.
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