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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Dúctil y maleable

10/jul/07 07:34
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Dúctil y maleable; una reiteración adrede de términos casi equivalentes. Ese es el consejo que me da un apreciado amigo para ascender en la escala profesional. Los méritos personales cuentan poco. Lo fundamental es la sumisión. Puede que sí. Hace años, cuando estaba a punto de adjudicarse una plaza de profesor en la Universidad de La Laguna, alguien me comentó que entre los dos máximos candidatos, "ella" no tenía opción. "Ella" no era una amiga sino tan sólo una conocida, aunque me caía simpática. Al final, como era predecible, no obtuvo la plaza. Su pecado, nunca mejor dicho, no radicaba en una manifiesta ausencia de méritos académicos, o cuando menos un nivel de intelectualidad inferior al de su contrincante. No. Su inconveniente era pertenecer a una orden religiosa. Aquella chica, cuyo nombre omito para no perjudicarla más, se quedó compuesta y sin puesto. Claro que entonces yo apenas tenía veinte años y pensaba que uno puede triunfar en la vida sólo con esfuerzo y abnegación. Vean ustedes quienes están obteniendo estos días los puestos bien pagados, así como los medianamente remunerados y hasta los otros, en el reparto de cargos urdido por CC y el PP. Un proceso equivalente, aunque con otros nombres, claro, si el pacto del gobierno lo hubiesen suscrito nacionalistas y progres.

No es que esto me parezca mal; me parece deleznable. Aunque me queda la resignación impuesta de que siempre ha sido así y siempre será así. Lo lamentable es que pese a esta burda comedia, todavía se les mienta a los jóvenes con la trola del esfuerzo personal y otras milongas parecidas. ¿Tienes un buen padrino? ¿No? Pues te veo mal. A menos que te marches a un país, no más civilizado que el nuestro, porque eso siempre resulta discutible, sino donde las empresas tengan que sobrevivir a costa del trabajo de sus profesionales, y no adheridas a la glándula mamaria ?que diría Chela? del Estado; en España ahora se pagará hasta por parir o adoptar, en vez de consolidar las condiciones adecuadas para que las familias puedan engendrar la prole que deseen y les parezca bien. En fin, he citado el caso de la Universidad de La Laguna y el de la chica obstaculizada debido a que nos queda cerca. En la Complutense de Madrid acondicionaron una parte de los retretes para ponerle el despacho de un profesor que ganó una plaza sin ser del agrado del Departamento en cuestión. A mayor tamaño, proporcional agravio. Así es la meditada irracionalidad de nuestro apaño.

Dúctil y maleable. Acaso sí. Lo malo es que uno está ya viejo para ponerse de meritorio, y tampoco le apetece que se le quede la lengua blanca a causa de un hongo ?la Cándida?, que crece en las posaderas lamidas con tanto entusiasmo por los trepadores al uso. El último soponcio ?acaso tarde toda una semana en recuperarme? me lo he llevado hace un momento, al leer un encendido elogio profesional de un personaje a quien conozco lo suficiente para tenerlo por embustero compulsivo: de cada cuatro palabras que dice, dos son mentira, una es dudosa y sólo la cuarta tiene un porcentaje no demasiado alto de veracidad. Bien es verdad que su elogiador es un zascandil ?hombre chiquitín, embustero y bailarín, dice el refranero? que vive del cuento porque su incursión en la novela siempre fue penosa. Pero es dúctil y maleable.

 

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