Admito que a Canarias no le vendría mal tener su Policía Autonómica. Más aún: estoy seguro de que algún día contará con ella. Quizá no con tantas competencias como las que desea José Miguel Ruano, ni con tan pocas como las que le confiere el actual Estatuto de Autonomía, hoy pendiente de reforma. Acaso un término medio entre lo excesivamente demasiado y excesivamente parco. Pero mientras tanto hay que contar con la Policía Nacional y la Guardia Civil. Mientras tanto y probablemente también después, habida cuenta que en Cataluña, con sus Mozos de Escuadra y todo, no han tenido más remedio que recurrir a la Benemérita cuando las bandas internacionales de delincuentes han comenzado a hacer su agosto por aquellos alrededores desde enero a diciembre. Los catalanes pueden ser muy autonomistas, muy autodeterministas y todo lo demás, pero la pela es la pela. O el euro, el euro.
En fin, lo de Ruano es respetable porque defiende una propuesta acorde con su ideario político. Algo legítimo, al margen de que algunos piensen -yo entre ellos- que se equivoca. Eso sí, acertarían Paulino Rivero y el propio consejero de la Presidencia si cesaran cuanto antes al director general de Seguridad y Emergencias, Andrés de las Casas, que en los últimos cuatro años no ha hecho nada salvo dejarlos en ridículo. Personaje histriónico -y hasta cómico- este señor, que se descubrió a sí mismo como nacionalista desde siempre cuando le dijeron, con toda claridad, que en la Policía Nacional, donde ha desempeñado su carrera profesional, no se contaba con él para nada importante.
El caso es que mientras llega la Guanchancha, no queda más remedio que confiar los asuntos de seguridad ciudadana -que no son pocos- a la Policía y la Guardia Civil. Por eso es una buena noticia la incorporación oficial de 400 nuevos agentes del Instituto Armado a las Islas. Un logro personal de José Segura. En numerosas ocasiones he criticado tanto al delegado del Gobierno en Canarias, como a su asesor de Seguridad, Domingo Medina. Quizá lo vuelva a hacer en el futuro. Hoy, por fidelidad a lo que es justo, debo elogiarlos a los dos. Pepe Segura me recuerda al teniente Colombo; ese conocido personaje de serie televisada, protagonizado magistralmente por Peter Falk, pesado hasta el aburrimiento pero eficaz como sólo pueden serlo los persistentes. Cuando se trata de lograr algo para Canarias, Segura da la vara hasta que lo consigue. Actitud meritoria y valiente que le ha ocasionado no pocas enemistades dentro de su partido. Menudencias, en cualquier caso, que a él le traen sin cuidado. Lástima que las envidias de los mediocres -siempre tiene que haber algún enano mental por medio- impidieran que fuese el candidato del PSOE para presidir el Gobierno de Canarias. La suerte de los socialistas hubiese sido distinta con él al frente de esa izquierda moderada e inteligible, capaz de alcanzar pactos razonables incluso con los adversarios. Acuerdos imposibles, ya se ha visto, mientras ande por medio un Terminator que cada día se levanta cabreado y se acuesta cabreado y medio. Lástima que en este caso haya pesado más el capricho de un señor en Madrid, que la sensata conveniencia de un partido y de toda una región.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD