EL HEROÍSMO cristiano permanente. Nos encontramos en unas circunstancias históricas que no tenemos necesidad de retroceder, en vuelo de siglos, hasta las catacumbas romanas para poder encontrarnos con personas cristianas perseguidas y hasta brutalmente martirizadas Hace más de medio siglo nos encontramos con los mártires españoles en la guerra civil española, declarada el 18 de julio de 1936. "Los revolucionarios (socialistas-marxistas) llevaban meses antes ensañándose con la Iglesia y sus sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares católicos. Nadie que tenga a la vez buena fe y buena información puede negar los horrores de esta persecución". (Salvador de Madariaga). "Posiblemente, en ninguna época de la historia de Europa, y posiblemente del mundo, se ha manifestado un odio tan apasionado contra la religión y cuanto con ella se encuentra relacionado". (Hugh Thomas). "Los mártires españoles no son héroes de una guerra humana en la que no participaron (?), afrontaron su trágico destino como auténtico testimonio de fe, dando con su martirio la última lección de su vida".(Juan Pablo II). "Ésta fue, ni más ni menos, en extrema síntesis y en términos muy generales, la situación real de la Iglesia católica durante la guerra civil cuando una república sectaria, antidemocrática, intentó aniquilarla destruyendo templos y símbolos religiosos por doquier; eliminando físicamente a los ministros del culto y asesinando a hombres y mujeres por el simple hecho de ser católicos, de ir a misa, sin ninguna otra razón. Cuando la Iglesia estaba en este terrible trance, apareció el general Francisco Franco, con un ejército que no sólo salvó a la Iglesia de su extinción y a muchos sacerdotes, religiosos, religiosas y católicos de la muerte, sino que, además, acabó a rajatabla con quienes la habían perseguido cruelmente y la colmó de honores y privilegios, restaurando los templos y seminarios destruidos,?" (Vicente Cárcel Ortí). "Exaltar a los mártires no es odiar a los perseguidores, es resaltar que en la tragedia hubo hombres y mujeres, limpios de odio y sin connotaciones políticas, económicas ni de ningún tipo humano, que dieron testimonio de su fe en el martirio" (Damián Iguacen Borau. Sobre los Hermanos mártires de S. Juan de Dios).
Actualmente, en algunas naciones subdamericanas, en varios Estados africanos y asiáticos, en el poder de los fundamentalismos islámicos, se encuentran largas listas de sacerdotes, religiosos (as), misioneros (as) y seglares que han sido y siguen siendo torturados, vejados y asesinados o que están padeciendo el sospechoso eufemismo de "desaparecido" por el sólo hecho de resultar personas incómodas por su lealtad al Evangelio. Por otra parte, el destino del riesgo y del repudio del predicador evangélico es normal porque, o se niega a Dios, oficialmente, desde las altas instancias de la administración del Estado, y entonces el vocero de Dios es un enemigo que no respeta las leyes, o se confiesa a Dios, oficialmente, en la legislación, pero se tacha su influencia y se le contradice en la práctica, desde unas represalias organizadas contra todos los que levantan el dedo acusador frente a una organización injusta e inhumana de la sociedad.
El PSOE, aunque al final de su congreso de l977 retiró el concepto de marxismo de su partido, después, oficialmente, no ha dejado de manifestarse en algunos de sus militantes. "No queremos que la religión influya en el futuro de nuestros niños. La religión se planteará como materia no compatible" (María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta primera del Gobierno en el Parlamento). "La religión de la escuela es la convivencia y el civismo. El argumento de la religión en la escuela es una vergüenza nacional". (María Mata, presidenta del Consejo Escolar).
La mofa, de lo más repugnante, con la alusión a la corona de espinas de la crucifixión de Cristo en el mismo Israel, provocada mutuamente por los sres. Carod y Maragall, sacándose fotos, sarcásticamente, unos a otros de un signo y símbolo de cientos de millones de personas creyentes.
Ante estas dos situaciones de martirio cruento e incruento, nadie puede extrañarse de que la persecución, la misma muerte por la fidelidad a unos principios éticos o religiosos, por confesar a Cristo, nunca puede hacer tambalear la fe en la presencia de Dios en el mundo. En este contexto de persecución y de muerte las palabras de Jesús son una ratificación y anticipo del sufrimiento anejo a la condición del apóstol y, al mismo tiempo, augurio y seguridad de su presencia en el "espíritu de Dios, de nuestro Padre". Y aunque nosotros no hayamos recibido la gracia divina de encontrarnos entre los bienaventurados que padecen esta persecución y muerte por la justicia, sí hemos recibido la gracia, también divina, para saber respetar, admirar y reproducir, en nuestra vida, la valentía de una existencia sincera, precisamente, en esta era del consumismo frívolo y del hedonismo egoísta actual. Esto es apostar por Cristo, como el supremo valor, por el que vivir y por el que morir. Este es el testimonio consolador y glorioso de tantos testigos que se han dado en todos los momentos históricos de la Iglesia. Ahora nos toca a nosotros serlo, como creyentes o que caminamos hacia la misma meta. Ni unos ni otros perdamos la oportunidad. Esta es la verdadera y no hay otra.
* Capellán de la Clínica
S. Juan de Dios
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