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Un mundialista en casa

Iriome regresó ayer a la Isla después de participar en el campeonato del Mundo sub'20 de Canadá. Pese a no jugar tanto como le habría gustado, hace un balance positivo del torneo, la convivencia y su experiencia en un nuevo país.
18/jul/07 07:49
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JORNADA, S/C de Tenerife

Treinta y dos días. Nunca había estado tanto tiempo lejos de Icod. Ni siquiera fuera de la Isla. Por eso ya tenía ganas de volver, de reencontrarse con su familia y de disfrutar de la vida hogareña. Aún así, habría preferido prolongar su viaje una semana más, ya que eso casi le habría asegurado retornar con una medalla colgada al cuello. Pero no pudo ser. España no pasó de los cuartos de final e Iriome González concluyó su experiencia en el Mundial sub'20 de Canadá con el sabor amargo de la eliminación del equipo nacional y la satisfacción de haber vivido algo único y al alcance de muy pocos futbolistas.

"Desafortunadamente todo acabó para la selección, así que ahora me toca descansar un poco, que también me hace falta", relató ayer el jugador, consciente de que los dirigentes del CD Tenerife le han concedido unos días de vacaciones antes de sumarse al trabajo a las órdenes de José Luis Oltra.

Su balance del torneo es "positivo", aunque sólo pudo intervenir en los encuentros de la primera fase ante Zambia y Jordania y fue suplente en las eliminatorias contra Brasil y la República Checa. "A pesar de que no jugué los minutos que me habría gustado, me quedo con la experiencia de haber vivido un Mundial y de haberlo compartido con la gente que forma la selección", señaló el interior para expresar luego su convencimiento de que España mereció más en la cita canadiense, sobre todo tras la superioridad no reflejada en el marcador que exhibió en el choque de cuartos ante los checos. "Habría sido muy bonito llegar a la gran final, aunque ni eso, ni tantas horas de vuelo que llevo me impiden estar contento", añadió.

Además de la lectura deportiva de su estancia en Canadá, Iriome extrae otras igual de valiosas para él. Por ejemplo, la ampliación de su círculo de amigos, una inagotable lista de anécdotas y recuerdos y la oportunidad de conocer mejor un país en el que "la gente es muy acogedora" y que "tiene muchos sitios para visitar". De todos ellos se queda con Edmonton, la última sede del equipo.

El canterano nació en 1987 y no volverá a jugar un Mundial sub'20. Pero sí sueña con vestir de nuevo la camiseta roja de la selección. Al respecto, dijo que "ya que estoy aquí, quiero seguir haciendo las cosas bien para ver si me llega otra oportunidad y la puedo aprovechar, aunque pienso que va a ser difícil, porque a este nivel hay futbolistas de mucha calidad". Quién sabe. Hace ocho meses estaba jugando en Tercera y ahora es una pieza básica en el nuevo Tenerife. El techo de Iriome está por descubrir.

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