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LA BUENA UVA JOSÉ H. CHELA

Una de espías

27/jul/07 07:36
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QUIENES LEAN LAS NOTICIAS nacionales e internacionales sobre Tenerife deben creer que, en efecto, esto, como reza el eslogan cabildicio, es un plató natural. Pero de películas de crímenes, de intrigas y de catástrofes. Siempre salimos en los teletipos y en los telediarios porque se nos mueren en nuestras aguas más subsaharianos que en ningún otro sitio, porque un bailarín estafa al ayuntamiento y subleva a la población, porque detienen por estos lares al delincuente más buscado del planeta, porque se nos inunda una ciudad que por su inclinación jamás se supondría que pudiera inundarse o porque se produce aquí el desenlace de la última película, pero esta vez auténtica, de espías.

Bueno. Como decía aquél: que hablen de mí, aunque sea bien.

El caso de Roberto Flórez, el ex espía del CNI detenido en el Puerto de la Cruz por vender información a sus colegas rusos, ha levantado mucha polvareda mediática, pero tampoco es una cosa del otro jueves (por hablar de un follón más de actualidad). Se supone -o lo supone todo aficionado al género, desde el punto de vista cinematográfico o novelístico- que, en todos los servicios secretos, hay topos y agentes dobles. Si no, todo sería demasiado simple y, digamos, que aburridamente doméstico. A Flórez le pagaban los rusos y se sacaba unas perrillas extras, que nunca vienen mal, de la misma manera, estoy seguro, que el Centro Nacional de Inteligencia pagaba (o paga) a algún espía de Moscú para que pase información a Madrid. Son las reglas del juego. Los espías españoles son unos señores que van al bingo más que a los elegantes casinos frecuentados por 007 y, a veces, pierden más de lo que les permiten sus nóminas. A los espías, como a los políticos, hay que pagarlos generosamente para apartarlos de la tentación de la corruptela a unos y de la traición a otros. Pero la carne es débil y la cartera no veas. De modo que cualquier espía nacional se parece más a un concejal de urbanismo de tres al cuarto que a un James Bond del celuloide. Los espías de verdad, como este Flórez, que tiene pinta de guindilla de barrio y no de astuto agente secreto internacional, se asemejan más a los personajes patéticos de John Le Carré que a los héroes imaginados por Ian Fleming.

En cualquier caso, a uno le extraña que uno de los cargos de los que se acusa al también ex sargento de la Guardia Civil sea haber facilitado a las agencias rusas los nombres de algunos agentes del espionaje español. Me extraña, digo, porque hasta hace poco y aunque parezca mentira, cuando alguien alcanzaba el rango oficial de espía en este país, salía su nombramiento en el Boletín Oficial del Estado. A lo peor, los tortolines de los rusos ignoraban este detalle y pagaban una pasta por una información que está -o estaba, ya digo- al alcance de todo aquel que quiera suscribirse al BOE de las narices. O sea, que es una auténtica cutrez lo del espionaje y tal en este país, si quieren que les diga.

josechela@mojopi.com

 

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