Los políticos mal empleados
En estos días salieron publicados todos los currículos de los políticos que nos van a gobernar. Los leímos con todo detenimiento y con gran imparcialidad, pero, por mucho que lo quieras entender, no puedes.
Cuando se sabe algo de gerencia, ves que la regla de oro de una empresa es contratar a unos dirigentes cualificados y que estén bien duchos en el área que van a supervisar. Es más, se pagan millones a un buen profesional de prestigio que sepa llevar esa empresa.
Pues en política es todo lo contrario: muchas de las personas elegidas no tienen preparación ninguna, acorde al rol que van a desempeñar.
Se da el caso de que van de consejeros personas que no tienen ni el Bachiller, y de políticos que poseen una titulación académica que no tiene nada que ver con el área que deben llevar.
Estoy siempre predicando en el desierto cuando les digo a mis compañeros de partido que a un ingeniero no se le puede poner a operar de apendicitis, ni a un médico a hacer puentes. Pero se siguen haciendo las cosas mal. Lo que realmente me da pena es que si el 25% de la población activa es funcionaria (creo que la española es la Administración más cara del mundo), ¿por qué al menos no eligen personas cualificadas, que hagan con cariño su trabajo y que los ciudadanos estemos encantados con ellos? Ya que nos cuestan tanto, por lo menos que estemos todos contentos de la labor que desempeñan.
Hay también un fenómeno, que se da en la gente que trabaja en la Administración: el endiosamiento. Si ya llevan varias legislaturas enchufados (casi pertenecen al inventario del organismo), es como si aquello fuera suyo. Al ciudadano de a pie ni le escuchan. Tienes que tener "una palanca", para poder acceder a ellos, porque no se rebajan a cualquiera.
Todo esto debe cambiar, por el bien de nuestra sociedad. Ese malestar que se palpa en nuestros ciudadanos no tiene por qué existir. Nuestra gente se siente engañada, puesto que paga muchos impuestos, para que se les atienda como Dios manda y a veces no recibe sino malos modos.
Hay otro síntoma muy típico del político que lleva años enchufado: el mirar por encima del hombro. Pasan por los pasillos y ven a sus congéneres como si fueran humo. No se rebajan ni a dar los buenos días.
Como mis abuelos nos enseñaron, que "es de bien nacidos el ser agradecidos", no entiendo estas actitudes, después del favor tan grande que se les está haciendo a algunos, manteniéndolos en la poltrona, aún siendo unos ineptos.
Circe
Cuando el gato no está?
Los ratones hacen de las suyas. No importa que el minino sea blanco o negro, o, como en este caso, rojo por propia asignación cromática. Simplemente no está; y aunque estuviera, no creo que cazase mucho. Cuestión de talante, supongo, ya que el talento parece no estar tampoco. Quizá el símil felino no lo entiendan algunos, pero otros si lo harán, especialmente el destinatario y sus secuaces. Pues eso.
Da grima, por no decir asco, ver cómo algunos funcionarios públicos autonómicos en grado de eventualidad cuatrienal -los políticos, para entendernos mejor -dan en instalarse en la soberbia más rampante y en creerse reyezuelos de taifas, haciendo mangas y capirotes del Estado de Derecho y de la Constitución que lo ampara. Y todo ello con la aquiescencia, cuando no del agachismo descarado, del Ejecutivo central, cuya misión de garante de dicho Estado parece que ha quedado en suspenso sine die.
Esas circunstancias permiten o dan pábulo a que individuos del jaez de Carod, el mismo que en unión de un tal Maragall ridiculizara en Tierra Santa un símbolo emblemático de centenares de millones de católicos, cual fue coronarse mutuamente, con aire de mofa, con sendas coronas de espinas. Ya se cuidaron muy mucho estos cenutrios de haber intentado la misma befa con algún símbolo coránico, por las funestas consecuencias que ello hubiese conllevado, lo cual incrementa el grado de la infamia perpetrada, al saberse ajenos a cualquier castigo físico, que no moral, si bien hay morales muy relajadas?
Tal vez eso fue lo que impulsó al tal Carod, en una banalización de la praxis política más elemental, a acudir a Perpiñán para reunirse con elementos de la banda terrorista y proponer, en un alarde de suprema abyección, la exclusión de su feudo político en posibles futuras acciones de la misma. Así de sencillo y terrible: mata donde quieras, pero no en Catalunya.
Ahora, y ante las dilaciones del TC a la hora de fallar en lo tocante a los varios recursos de inconstitucionalidad presentados contra el Estatut, el propio e inevitable Carod ha resuelto acudir a la política de hechos consumados. Manifestando algo así como que "no iban a esperar a que el TC se decidiera a emitir un fallo", el tripartito catalán ha comenzado a desarrollar un aspecto tan polémico de dicho estatuto como es la creación de la Agencia Tributaria de Cataluña, asunto este que no sólo se considera inconstitucional, sino que altera gravemente el modelo de financiación autonómica y deja relegado al propio Gobierno a la condición de convidado de piedra en tan grave y trascendental aspecto de la política económica y fiscal del Estado.
¿Y el gato?? Ni está ni se le espera. También es posible que se haya aliado con los ratones.
J. Lavín Alonso
Sr. Soria: ¿insularista o regionalista?
"Hoy soy insularista, pero seré un gran regionalista si gano las elecciones y soy nombrado presidente del Gobierno". Estas palabras las pronunció Vd. en campaña electoral. Palabras que me sorprendieron y me sumergieron en un mar de dudas, llegando a creer, eran una de sus grandes falacias.
Ahora bien, esta reconversión suya era en el supuesto de que llegara a presidente del Gobierno. Como sólo se quedó en "vice", y por pura carambola, habría que volver a preguntarle si va a seguir siendo insularista o, borrón y cuenta nueva, se convierte en regionalista.
Esperemos que coja el mejor camino en beneficio suyo y, sobre todo, en beneficio de las siete Islas Canarias. Todas por igual, sin predilección por ninguna.
J.M. La Serna
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