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ALBERTO VÁZQUEZ FIGUEROA

Por mil millones de dolares (3)

27/jul/07 07:37
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VIENE DE AYER

-Es de suponer, puesto que para eso existen el FBI, la CIA y un sinfín de agencias de espionaje o información que nos cuestan una fortuna. Aunque por mi larga experiencia en los muchos casos en los que me han pedido que colabore con ellos, he llegado a la conclusión de que miran mucho para abajo pero muy poco para arriba -lanzó un bufido que ponía de manifiesto que todo aquello le producía un profundo desagrado-. Se afanan por limpiar la mierda que ensucia el suelo, pero jamás han intentado ponerle un tapón a los culos que la sueltan porque con demasiada frecuencia son los suyos propios.

-¡Eso te ha quedado muy gráfico! -protestó ella-. Repugnante, pero gráfico a más no poder... -se puso de pie, se aproximó a la ventana y atisbó hacia el exterior como si temiera que alguien pudiera estar vigilando la casa. Por último, y sin volverse, comentó:

-Odio Houston. Es una ciudad sin alma que no vive más que para el dinero. Y además tengo miedo.

-¿Y quién no? -reconoció su acompañante en un tono de absoluta sinceridad-. Jamás se me pasó por la cabeza que una simple investigación sobre un accidente en el que sólo hubo una víctima pudiera desembocar en algo tan repulsivo. Me precio de ser bueno en mi oficio, pero presiento que quienes se sientan al otro lado de la mesa son bastante mejores.

-No creo que lo sean; lo que ocurre es que no dudan en matar, lo cual es algo que quiero suponer que tú nunca has sido capaz de hacer.

-Únicamente en tiempos de guerra y por obligación.

-Siempre se ha dicho que las guerras no cuentan, aunque por mi parte no estoy de acuerdo. Un general puede otorgar una medalla por matar a alguien defendiendo a su patria, pero un juez puede mandarte a la cárcel por matar a alguien defendiendo a sus hijos. Sin embargo, a mi manera de ver, los hijos son siempre más importantes que la patria -la muchacha se volvió a mirarle para preguntarle, más como súplica que como simple pregunta-: ¿Preparo las maletas?

-Le prometí a la señora Zanaj que le daría una semana de plazo para decidir qué hacer con el que tenemos ahí abajo. Está dispuesta a pagar cien mil dólares por la espera.

-Eso significa que nuestras vidas valen cincuenta mil por cabeza -puntualizó ella señalando con el dedo alternativamente a quien continuaba despatarrado en el sofá y a sí misma-. Siempre imaginé que se cotizaban bastante mejor.

-Eso depende del precio del mercado, querida. Las vidas humanas cada día valen menos, visto que ahí fuera matan a la gente por apenas diez dólares.

-Eso no ha tenido maldita la gracia.

-Ya me he dado cuenta; lo admito y me disculpo.

La muchacha acudió a tomar asiento en una butaca, casi frente a él, y, tras meditar unos instantes lo que iba a decir, inquirió:

-¿Cómo es posible que alguien como tú, que ha trabajado para los servicios secretos o las policías de un sinfín de países, actúe ahora por su cuenta y se vea metido en un asunto como éste?

-Porque mi oficio es analizar, y lo mismo da que lo haga para la policía que para Alejandra Zanaj. Voy allí donde me paguen.

-¿Y cómo llegaste a esto?

-Por tradición familiar.

-¿Te importaría explicármelo?

-¡Es absoluto! Mi padre llegó a los Estados Unidos con una mano delante y otra detrás. No tenía absolutamente nada, pero siempre había sido un magnifico jugador de ajedrez, quizá no el más brillante ni imaginativo, lo cual le impidió convertirse en el campeón de Armenia, pero sí el más analítico, aquel a quien los grandes jugadores acudían cuando se trataba de destripar una compleja situación desarrollando con el mínimo detalle sus infinitas posibilidades.

-Es curioso que nunca me hayas hablado de él.

-No me gusta hablar del pasado.

-La familia nunca es el pasado, es el eterno presente de nuestras vidas.

-Puede que tengas razón, aunque no es cuestión de ponerse a discutir. Lo cierto es que mi padre fue siempre un hombre muy inteligente que pronto comprendió que su habilidad como analista podía extenderse a otros campos más rentables. Con el paso de los años se convirtió en el referente obligado de las compañías de seguros, e incluso de la policía, cuando se trataba de desentrañar algún problema especialmente complejo. -Gregory Gregorian hizo una pausa en la que se diría que estaba rememorando tiempos muy lejanos, pero al poco continuó con su relato-: Cuando acabé la secundaria, y como llegó a la conclusión de que había heredado parte de su talento, me llamó a su despacho y me dijo: "Hijo, el futuro de este país estará en manos de los especuladores, los abogados, los ordenadores personales, los latinos y las compañías de seguros. Como confío en que no te conviertas en especulador, y careces de la verborrea necesaria para llegar a ser un abogado tramposo, mi consejo es que aprendas español y cuanto puedas sobre ordenadores personales, pero que al final te decantes por los seguros. No como vendedor, que es para algo que a mi juicio estás negado, sino como inspector, porque cada día serán más los que intenten estafar a las aseguradoras y sé por experiencia que éstas pagan muy bien por impedirlo".

-Evidentemente era un hombre con visión de futuro -reconoció ella con una leve sonrisa-. Pegarse el día conectado a Internet o intentar estafar a las compañías de seguros se han convertido en deportes nacionales, y los abogados pierden el culo a la hora de plantear demandas de lo más pintorescas pero que pueden acabar costando auténticas fortunas.

-Aquella noche llegué a la conclusión de que mi padre tenía razón, me concentré en aprender todo lo que él podía enseñarme, así como la infinidad de nuevos trucos que inventaba la gente. A los veinticinco años lo sabía todo sobre accidentes de coches amañados, incendios provocados, falsos suicidios, caídas ilógicas, enfermedades ficticias, secuestros pactados, estafas a través de Internet, y cuanto fuera capaz de imaginar una mente decidida a obtener un beneficio ilícito.

-¿Y de ese modo llegaste a ser el mejor en tu campo?

-Hasta el punto de que, en efecto y modestia aparte, policías y servicios secretos de muchos países solicitan con frecuencia mis servicios, lo cual ha contribuido a aumentar mi experiencia. Normalmente son muy generosos, pero no tanto como la señora Zanaj.

-Pero la señora Zanaj nos puede traer problemas.

-Estoy acostumbrado a los problemas, querida -fue la tranquila respuesta-. Cuando alguien confía en obtener una jugosa indemnización de una compañía de seguros y advierte que un intruso que se cree muy listo está a punto de joderle el negocio, no suele tomárselo con demasiada calma. Como bien sabes, los intentos de soborno, las amenazas, e incluso los atentados son parte de mi trabajo, y así debemos aceptarlo.

-Pero me temo que este caso va más allá de cuanto hemos sufrido hasta el presente. Y no me gusta. ¡No me gusta nada!

-Jessica -admitió, inclinándose a besarla al tiempo que esbozaba una leve sonrisa-, empiezo a sospechar que este caso va mucho más allá de lo que nadie pudiera imaginar, y debo admitir que estoy preocupado, por no decir aterrorizado. Tener a un asesino en el sótano de casa no es mi estilo, ni me apetece en lo más mínimo, pero intentaremos mantener la calma por lo menos durante una semana.

El green del hoyo catorce constituía por lógica el punto más alejado del Pine Crest Golf Club de Houston, y al mismo tiempo el más desolado, visto que se encontraba rodeado de lagunas y bunkers de arena, sin tan siquiera un seto o un mal árbol que le proporcionara algo de sombra, de tal forma que resultaba posible divisar sin la menor dificultad a quien se aproximara a menos de doscientos metros de distancia.

Fue tras embocar sus respectivas bolas cuando tanto Wolf Lukas como su hombre de confianza, Tony Walker, entregaron sus respectivos palos a los caddies para rogarles a continuación que emprendieran solos el camino de regreso a los vestuarios, ya que se habían aburrido de jugar y preferían sentarse en la hierba a descansar antes de volver a la Casa Club, dando un tranquilo paseo al frescor del atardecer.

Los dos muchachos obedecieron sin rechistar y sin sorprenderse, puesto que aquella era una rutina semanal a la que se habían acostumbrado tiempo atrás.

Cada jueves, ambos socios, que solían gratificarles luego con generosas propinas, preferían quedarse a solas en un lugar en el que sabían a ciencia cierta que nadie alcanzaría nunca a escucharles.

Cuando las espaldas de los caddies comenzaban a perderse de vista tras la pequeña colina del hoyo doce, el Consejero Delegado de Dall&Houston se acomodó sobre la hierba cruzando las piernas en postura de yoga, extrajo del bolsillo posterior del pantalón una petaca metálica, desenroscó el tapón que le servía a la vez de vaso y se sirvió una pequeña ración de whisky que apuró de un solo trago.

-¿Y bien? -preguntó-. ¿Cómo van las cosas?

Su acompañante, que había tomado de igual modo asiento frente a él, se limitó a encogerse de hombros al replicar:

-Por desgracia no todo lo bien que desearíamos. Es posible, y recuerda siempre que tan sólo digo "posible", que efectivamente Stanley guardara esos documentos que Alejandra le comentó a Richard.

-Según la dichosa Ley de Murphy, cuando algo puede salir mal, invariablemente sale peor -fue la áspera respuesta-. Stanley y yo entramos prácticamente al mismo tiempo en la empresa, y me consta que era un tipo extremadamente prudente y al que le obsesionaba cubrirse las espaldas por si las cartas venían mal dadas. ¿Dónde pueden estar ahora esos documentos?

-Por el momento lo ignoro.

-Confío en que no tengamos que averiguarlo cuando salgan a la luz y sea ya demasiado tarde.

-Eso dependerá únicamente de Alejandra.

-Odio que nada dependa de una mujer, sobre todo de una mujer que ha estado tan enamorada de su marido como ella. En esos casos resultan del todo imprevisibles, y si, como parece, Alejandra sospecha que nos cargamos a Stanley, puede reaccionar de la peor manera imaginable.

-Creo que ya no lo sospecha -puntualizó su acompañante al tiempo que arrancaba una larga brizna de hierba y comenzaba a mordisquearla-. Me temo que a estas alturas abriga una absoluta seguridad.

-Tenía entendido que el trabajo de la gente de Mariel había sido absolutamente perfecto. ¿Qué ha fallado?

-Tal vez nada. Quizá sólo se trata de que a la vista de cómo se han desarrollado los acontecimientos, y a partir de la documentación que Stanley le dejó, Alejandra haya hecho una serie de deducciones en cierto modo lógicas.

-Nunca he aceptado un "tal vez" como respuesta y lo sabes -masculló su jefe mientras se servía un nuevo vaso de la petaca-. No pago las sumas que pago por suposiciones, sino por hechos concretos.

-Los hechos concretos especifican de un modo indiscutible que Stanley se mató en un accidente de automóvil. Lo que pueda pasar luego por la cabeza de una mujer como Alejandra resulta del todo imprevisible.

-Bien, estamos de acuerdo en que Alejandra es mujer, y por lo tanto imprevisible, pero lo que está claro es que también es madre, y una madre sí que resulta previsible. Quiero que le hagas entender sin la menor sombra de dudas que lo que está en juego es la vida de sus hijos. O nos entrega esos documentos o va a tener mucho de lo que lamentarse. ¿Algún problema?

-Ninguno.

-En ese caso asunto zanjado. Segundo punto del orden del día: ¿cuántos congresistas, senadores y jueces están en contra de que traslademos nuestra base de operaciones a Dubai?

Tony Walker extrajo del bolsillo de su camisa un papel doblado y se lo entregó en silencio. Wolf Lukas lo estudió durante un largo rato y acabó por lanzar un resoplido que parecía indicar que no le agradaba el cariz que tomaban las cosas-. Demasiados -masculló a duras penas-. Demasiados.

-Se cometió un error al permitir que la noticia se aireara tan pronto. Deberíamos haber actuado de tal forma que las autoridades se enfrentaran a un hecho consumado que no tenía vuelta atrás.

-Los abogados argumentaron que eso no resultaba en absoluto factible. Lo primero que se necesita para ese tipo de traslados es una serie de permisos que no se pueden solicitar sin especificar los motivos del cambio de sede. No somos una empresa de tres al cuarto, somos la Dall&Houston.

-En ese caso el tema queda fuera de mi competencia y tienen que ser tus abogados, o en última instancia Iceman, quienes tienen que ganar esa batalla. Las leyes no son lo mío.

-De eso no me cabe la menor duda -fue el comentario no exento de un leve toque de humor-. Aunque, a decir verdad, eres quien más debe saber de leyes en este país, puesto que siempre has sido quien mejor y más a menudo se las ha saltado. -Agitó el trozo de papel al estipular de una forma que no admitía discusión-: Dentro de dos semanas esta lista tiene que haber quedado reducida a la mitad.

-¿Con qué medios dispongo?

-Con todos los que hagan falta. Y mil millones más.

-¿Manos libres?

-¿Alguna vez te he puesto trabas? Les dimos a esos hijos de perra lo que querían, una hermosa guerra con la que vengar el cobarde atentado del 11 de Septiembre, y que además sirviera para regenerar una industria armamentística que se estaba frenando en exceso. Todo el mundo aplaudía entusiasmado mientras se derribaban las estatuas de Sadam Hussein, e incluso cuando colgaba al extremo de una cuerda y no es culpa nuestra sino de una pandilla de inútiles que no han sabido rematar la faena pese a que han contado con todos los cañones, barcos y aviones que pidieron. El plan era apoderarse de Irak en menos de un mes para continuar luego hacia Siria e Irán, pero unos ineptos generales que lo único que saben hacer es tocarse el borde de la gorra poniendo cara de imbécil lo echaron todo a perder. ¡Jodidos mamones! -agitó de nuevo, ahora furiosamente, el pedazo de papel-. Y para colmo, esta partida de desagradecidos chupatintas pretende que paguemos los platos rotos. ¡Deberían fusilarlos a todos!

-Aún estamos a tiempo.

-¿Tú crees?

-No tienes más que decirlo. Estoy seguro que a cinco o seis les bastara con una seria amonestación; diez o doce cambiarán radicalmente de opinión a cambio de una suma a discutir en cada caso, y del resto me ocupo yo.

-¿Cómo?

-Cuanto menos sepas, mejor para ti.

-En eso estoy de acuerdo, ya ves tú. Ningún juez puede exigir a nadie que declare sobre algo que ignora -se sirvió un nuevo trago como si con eso diese por zanjado un nuevo capítulo de la conversación-. Nos queda por tanto el tercer punto del día, la Operación Proteo, que confío en que no tenga que ponerse en marcha más que como último recurso. ¿Cómo van los preparativos?

-A la espera de tus indicaciones, pero antes que nada, y por simple curiosidad, me gustaría que me aclararas por qué demonios la has bautizado con un nombre tan raro.

-¿Qué sabes sobre mitología griega?

-Casi nada si quieres que te sea sincero -se disculpó casi humildemente Tony Walker-. La historia nunca ha sido mi fuerte.

-La mitología no es historia, sino leyenda, pero no viene al caso -le corrigió el otro-. Según los antiguos griegos, Proteo era un viejo dios del mar al que su padre, Neptuno, le había dotado de tres poderes muy singulares: el primero, ser el único que conseguía ver con claridad en las profundas tinieblas de los abismos marinos; el segundo, adivinar el futuro; y el tercero cambiar de forma a su antojo, de tal manera que en un instante era capaz de transformarse en león, tiburón, delfín, cordero, mujer, árbol o en una simple roca.

-Entiendo; Iceman es una especie de Proteo de nuestro tiempo.

-Tú lo has dicho. Se desenvuelve mejor que nadie en las tinieblas, se adelanta a los acontecimientos, y cambia de imagen en un abrir y cerrar de ojos. O sea que lo que de verdad importa, y de lo que dependemos, es de estar preparados por si llega el caso de tener que actuar rápidamente.

-Mariel asegura que pronto lo estará.

-¿Qué has averiguado sobre él?

-Nada.

-¿Nada? -repitió su asombrado jefe.

-Nada de nada.

-¿Cómo se entiende que le estemos entregando millones de dólares a alguien del que no sabemos nada de nada?

-Se entiende porque en los casi veinte años que hace que trabaja para nosotros, jamás ha cometido un error. Y el hecho de que nosotros, que tanto le hemos tratado, no hayamos conseguido averiguar quién es, constituye a mi modo ver la mejor garantía de que nadie más lo conseguirá -guiñó un ojo al concluir-: Lo cual constituye a su vez nuestra mejor garantía de seguridad.

-Visto de ese modo tengo que darte la razón, pero me creerás si te digo que siempre he sentido una casi morbosa curiosidad por saber quién se oculta detrás de ese extraño nombre.

-La curiosidad mató al gato.

-No lo mató del todo, tan sólo lo privó de una de sus siete vidas.

DE LA PRENSA DIARIA:

Corrupción, fraude al Ejército, beneficios ilegales en sus relaciones con Irán o distribuir agua y alimentos contaminados a las tropas destinadas en Irak es el currículum que pesa sobre la espalda de Dall&Houston, una multinacional con presencia en más de 120 países que normalmente ofrece servicios y productos energéticos especializados esencialmente en el sector del petróleo.

Hasta hoy, esta empresa cuyos orígenes se remontan a 1922, cuando su fundador, un ganadero tejano analfabeto que vivía a mitad de camino entre Dallas y Houston se hizo millonario cuando encontró petróleo en sus tierras, ha tenido que lidiar con numerosas críticas de las que ha salido más o menos airosa ya que, al fin y al cabo, el actual Vicepresidente fue en su día su consejero delegado. Ahora su nuevo proyecto de cambiar su sede a Dubai, donde espera trasladar el grueso de sus operaciones, ha sido calificado por varios analistas como un astuto movimiento para abandonar la escena del crimen, por medio del cual sus directivos confían en evitar la cárcel.

Con varias investigaciones abiertas y tras la venta de su filial BRA (la contratista militar de la compañía), el anuncio del traslado de su base de operaciones ha sorprendido a propios y a extraños. Pero si se hace un exhaustivo análisis puede determinarse que el motivo principal de Dall&Houston para hacer las maletas y poner rumbo a Dubai no reside en el mero hecho de que la firma energética quiera ampliar miras en Oriente, como acaba de asegurar su consejero delegado, Wolf Lukas.

Pese a que Dall&Houston continuará teniendo presencia a este lado del mundo, el traslado de su sede oficial fuera de las fronteras estadounidenses le librará de tener que enfrentarse a las investigaciones federales y fiscales que actualmente pesan sobre la compañía en EEUU. La estructura de la firma, que cuenta con casi ciento cincuenta subsidiarias a lo largo y ancho de todo el mundo, le ha permitido hacer negocios con el Gobierno iraní o ha propiciado que la empresa evite pagar cuantiosos beneficios a sus antiguos empleados.

Muchos apuntan a que una maraña de subcontratas ha fomentado que la compañía evite cumplir con sus obligaciones fiscales, en especial desde que su trabajo se ha visto lucrativamente premiado con la guerra de Irak o tras el azote del huracán Katrina en el Golfo de México.

En Irak, Dall&Houston ha transportado carburante a las fuerzas armadas a un coste de 2,64 dólares por galón, mientras el Departamento de Defensa de EEUU ofrecía el mismo servicio a la mitad de precio. En un contrato, consiguió embolsarse 617.000 dólares para ofrecer bebidas no alcohólicas a 2.500 soldados. Una rápida división arroja 247 dólares por soldado. Nadie es capaz de consumir tantos refrescos sin ponerse enfermo.

También se acusa a la compañía de mover por Irak infinidad de camiones vacíos y cuando se les pincha una rueda o tienen que pararse al embozarse el filtro del aceite, se ordena a los conductores que quemen el camión. Cada uno cuesta 75.000 dólares.

El traslado de Dall&Houston a los Emiratos Árabes también haría muy difícil para las autoridades federales investigar los presuntos sobornos que ha realizado al Gobierno de Nigeria. Según se ha dado a conocer, Wolf Lukas -que antes de convertirse en Consejero Delegado de la compañía supervisaba la contabilidad de la misma- fue el encargado de controlar las cuentas de David Hamilton, Presidente del Consejo de Administración de BRA, cuando la constructora de Dall&Houston fue formalmente acusada de sobornar hasta en cuatro ocasiones al Gobierno nigeriano. Posteriormente, Hamilton fue despedido tras descubrirse que recibió cinco millones de dólares por su participación en dicha trama. En septiembre de 2004, un diario tejano publicaba que "el Vicepresidente estaba aún al mando cuando al menos uno de los pagos tuvo lugar".

Un detalle a tener en cuenta cuando se habla de la mudanza de Dall&Houston es que EEUU no cuenta con un tratado de extradición con los Emiratos Árabes, por lo que en caso de que se descubrieran futuros escándalos que salpicaran a sus principales ejecutivos, éstos no se verían obligados a comparecer ante la Justicia estadounidense.

Según el director del Política Corporativa, "dadas las numerosas investigaciones que pesan sobre Dall&Houston, los legisladores deberían mirar con lupa este último movimiento de la compañía para determinar si le permitirá seguir cometiendo abusos financieros. Además, esto pone de manifiesto la inminente necesidad de que el Congreso acuerde no beneficiar con contratos federales a las compañías que no cumplan la ley o eviten pagar sus impuestos".

Dubai es un paraíso fiscal en el que las compañías no deben pagar impuestos corporativos ni laborales. Aunque Dall&Houston siga registrada en EEUU, la empresa puede exigir que gran parte de sus beneficios sean sometidos a las leyes fiscales de los Emiratos Árabes.

Las sospechas sobre Dall&Houston no han hecho más que florecer en los últimos tiempos. Curiosamente, la compañía registró el año pasado un beneficio récord de 2.300 millones de dólares libres de impuestos, una cifra que casi iguala los 2.700 millones de dólares con los que el Pentágono calcula que la empresa ha sobrevalorado sus servicios en Irak. Coincidencias a un lado, muchos miembros del Congreso ya han exigido explicaciones para determinar por qué quiere poner rumbo a Dubai.

"¿Está intentando huir y evadir impuestos, o quieren fortalecer sus lazos con Irán?", se preguntaba un senador demócrata. Para otros senadores, esto supone "un insulto para los soldados norteamericanos que han muerto, así como para los ciudadanos estadounidenses que cumplen con sus obligaciones fiscales".

Ya lo dijo el propio Osama Bin Laden en unas declaraciones aparecidas en abril de 2004: "La guerra en Irak está beneficiando a las principales compañías estadounidenses con miles de millones de dólares". Los primeros contratos obtenidos por la multinacional en Irak han acumulado más de 13.000 millones de dólares en ventas hasta la fecha de las contratas que comenzaron a expirar allá por 2006.

Por su parte, BRA cuenta con contratos en la zona por un valor aproximado de 18.000 millones de dólares, incluyendo el conocido como "Programa para Restaurar el Petróleo Iraquí", valorado en 7.000 millones de dólares. Con todo, la Agencia Auditora de los Contratos de Defensa otorgados por el Pentágono determinó en 2005 que existían costes sin demostrar y aseguraba que todavía quedan muchos cabos sueltos en lo que a Dall&Houston se refiere.

Pero ¿cómo una compañía con tantos problemas es capaz de seguir sumando contratos federales? Muchos señalan que el factor determinante es que el Vicepresidente fuera consejero delegado de Dall&Houston hasta bien entradas las elecciones presidenciales, fecha en la que abandonó su cargo con un paquete de beneficios que alcanzó los 34 millones de dólares.

El problema es que el lazo de unión entre el Vicepresidente y la multinacional no ha terminado de romperse, algo que hoy en día sigue creando un deliberado conflicto de intereses.

La polémica sobre los servicios ofrecidos por Dall&Houston y su subsidiaria BRA en Irak ha dejado mucho que desear. Así, una de las polémicas con más repercusión en el Capitolio ocurrió en 2005 cuando se determinó que la compañía ofrecía comida y agua contaminada en diversos campos militares de la zona.

Algunos especialistas no han dudado en afirmar a la organización Dall&Houston Watch, que vigila de cerca cualquier práctica ilegal que pueda llevar a cabo la compañía, que la empresa era consciente que exponía tanto al personal civil como al militar al consumo de agua contaminada del río Éufrates. Un correo electrónico filtrado desde BRA aseguraba que "probablemente durante más de un año el nivel de contaminación del agua en uno de los campamentos militares doblaba el mínimo considerado apto para el consumo".

Hasta el momento, el coste de la guerra de Irak oscila entre 410.000 y 450.000 millones de dólares, según informes del Congreso estadounidense, y casi medio billón de dólares, según algunas organizaciones civiles. El Nobel Joseph Stiglitz y la profesora invitada de Harvard Linda Bilmes presentaron en Boston un estudio que elevaba el coste total del conflicto a dos billones de dólares, teniendo en cuenta el dinero que se necesita para continuar la guerra y, a medio y largo plazo, los gastos para recomponer las Fuerzas Armadas, los cuidados y pensiones de los veteranos, y las demás facturas que vayan apareciendo.

Stiglitz y Bilmes han hecho estos cálculos sin olvidar que las operaciones del Ejército de EEUU sobre el terreno se irán reduciendo hasta acabar en un plazo de tres años.

El congresista demócrata Martin Meehan, tras conocer el análisis de Stiglitz, declaró que EEUU aún no ha comenzado a pagar las facturas más abultadas de la guerra. "Si la guerra terminara hoy, aún tendríamos que pagar miles de millones en el futuro", dijo Meehan.

Gregory Gregorian desconectó su ordenador y alzó el rostro hacia Jessica Delmónico que en esos momentos llegaba de la cocina portando una enorme bandeja con el desayuno.

-Estoy encontrando tanta información sobre Dall&Houston que empiezo a hacerme una ligera idea de lo que puede ocurrir, y a decir verdad no me gusta un pelo.

-¿Y es?

-Que las ratas se sienten acorraladas, pero en esta ocasión no parecen dispuestas a abandonar el barco como tienen por costumbre, sino que pretenden llevárselo con ellas a Dubai. Pero lo que aún no acabo de entender es cómo pretenden hacerlo.

-Se supone que cuentan con un ejército de abogados que se conocerán al dedillo todos los entresijos de la ley.

CONTINÚA MAÑANA

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