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JUAN OLIVA-TRISTÁN FERNÁNDEZ

Don Alonso Tabares y la obra de teatro

27/jul/07 07:37
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RETOMO HOY un personaje ilustre de la ciudad de La Laguna como lo fue el ocurrente, coñón, genial e inteligente don Alonso Tabares, que, con su terno siempre negro, recuerdo verlo paseando por ese encanto de vega lagunera, y su ecológica afición de ir cogiendo bellas flores que crecían en aquella ubérrima campiña.

Solía darse un garbeo a media mañana por el desaparecido hotel Batemberg, que estaba ubicado en la calle del Jardín o de Anchieta, que por los dos nombres era conocido. Allí, en el mentado hotel, mantenía una interesante tertulia con amigos y con algún visitante que estuviese alojándose en el mismo.

Terminada la peculiar tertulia, dirigía sus pasos don Alonso hacia la peluquería "La Higiénica", cuyo titular era Juanito, tío de Pepe, que era el que arreglaba, afeitando o pelando, a don Alonso y, hablando éste tan engolado y rápidom también servía de intérprete a fin de que el resto de los allí reunidos entendiesen lo que estaba diciendo.

Las anécdotas y "golpes" más espectaculares y célebres de don Alonso tuvieron por marco la citada peluquería, llamando la atención el poder de convocatoria que tenía el listo y espabilado de don Alonso, pues momentos hubo en que había más público congregado que clientes para arreglarse.

Parece obvio comentarles la concluyente aversión que tenía don Alonso a todo lo que oliera a Santa Cruz. Y tal era así que en cierta ocasión, y dentro de la barbería, llegó a decir: "Vamos a hacer en La Laguna una avenida marítima para darles por c... a los de Santa Cruz, y en la que pondremos góndolas y góndolos".

La peluquería se vino abajo de las carcajadas y risas de los allí presentes después de pronunciada aquella surrealista frase, pues don Alonso era una persona radicalmente espontánea, entusiasmándole la coña y la improvisación. Como digo, sentía verdadera fobia al "chicharro", pues rezumaba lagunerismo por todas partes, incluso por la que se une al continente.

En ocasiones, y jugando al billar con su buen amigo, el vasco don Ciro Ucelay, en plan de "pillo" le hacía trampas a la hora de anotarse el verdadero número de carambolas que había hecho. El "modus operandi" era bien sencillo: cuando don Alonso terminaba de hacer tres carambolas, antes de anotárselas en su marcador, disimuladamente se le acercaba a don Ciro y le decía de mentiras: "Don Ciro, lo llaman ahí fuera", y, cuando éste se acercaba a la puerta, era cuando aprovechaba don Alonso para, en lugar de tres carambolas, anotarse cinco.

Luego exclama don Ciro: "Don Alonso, no hay nadie fuera", contestándole el genial don Alonso: "Entonces fue una falsa alarma". Quizá alguno no sepa que en el argot billarístico anotarse más carambolas de las que efectivamente se han hecho se llama "sebarse", y esto era lo que don Alonso practicaba pero sólo con don Ciro, en plan coña, pues en todo lo demás era todo un caballero.

Recuerdo que en el casino lagunero don Ciro, jugando a las cartas, le decía a su compañero de partida, para que el jugador contrario que estaba al lado no se las viese, "las cartas, a las tetas".

En una ocasión se iba a representar en La Laguna una obra del padre de don Alonso, el autor y poeta don José Tabares Bartlet, y tanto se empeñó don Alonso en trabajar en la misma que consiguió que le asignasen un fugaz y pequeño papel. La escena era que en un parque tenía que estar don Alonso sentado en un banco y un señor se le acercaba y le preguntaba: "¿Ha visto pasar por aquí a la dama de mis amores?", teniendo que responder don Alonso: "Hace un momento pasó, toda cubierta de flores".

Llegó el día del debut y en el teatro no cabía un alma. Pero he aquí que, conforme se acercaba la hora de la función, a don Alonso le empiezan a entrar los nervios y, ya en escena, cuando le preguntó el caballero: "¿Ha visto pasar por aquí a la dama de mis amores?", a don Alonso le olvidó todo, se quedó en blanco y sufrió una clamorosa amnesia. A la vista de tal circunstancia, el señor le hace de nuevo la misma pregunta, contestándole don Alonso: "Coño, yo llevo más de media hora aquí y no he visto pasar a nadie".

Termino con el chiste del día. Una madre va a hablar con la maestra pues ésta le había puesto un insuficiente a su hija en redacción. Cuando está frente a la maestra le pregunta: "Oiga, ¿ayer se escribe con h?", contestándole negativamente la maestra. A renglón seguido, la madre de la alumna le vuelve a preguntar: "¿Y hoy?", contestando la maestra: "Hoy sí", terminando por exclamar la madre: "Coño, ¿en qué quedamos?".

Hasta la próxima y no me fallen.

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