AGENCIAS, Kabul
Los talibanes que mantienen secuestrados a 22 surcoreanos, voluntarios evangelistas, la mayoría mujeres, volvieron ayer a dar un nuevo ultimátum que vence hoy al mediodía, mientras Seúl intensifica las negociaciones mediante el envío de un nuevo emisario a Afganistán.
Los talibanes anunciaron el miércoles por tercera vez un nuevo plazo, el "último" según ellos, que se agotó en la noche del miércoles a ayer sin que ningún rehén surcoreano fuera asesinado.
Tras la ejecución de un secuestrado el miércoles en la provincia de Ghazni (a 140 kilómetros al sur de Kabul), los talibanes amenazaron con matar a otros si no se respetaban sus condiciones de intercambiar ocho surcoreanos por el mismo número de prisioneros talibanes. Fue entonces cuando Seúl se apresuró a mandar a un nuevo emisario para intentar desbloquear la situación.
"Si le ocurre algo a los coreanos, los gobiernos afgano y coreano serán los responsables, ya que el Ejecutivo coreano no está ejerciendo suficiente presión sobre el afgano para que libere a nuestros prisioneros", declaró un portavoz de los talibanes.
En Seúl, el portavoz presidencial, Cheon Ho-Seon, estimó sin embargo que las exigencias de los talibanes eran "vagas y contradictorias", ya que "la insurgencia está dividida y los rehenes están retenidos en distintos lugares".
El presidente afgano, Hamid Karzai, declaró que no se produciría jamás un intercambio de prisioneros después de la polémica que acarreó el que sirvió para liberar al periodista italiano Daniele Mastrogiacomo, el pasado marzo.
El pastor de 42 años Bae Hyng-Kyu, jefe del grupo de la Iglesia presbiteriana Saem-mul, fue el primer rehén víctima de los talibanes y su cuerpo acribillado a balazos se encontró la noche del miércoles cerca de Qarabagh.
Este asesinato era el primero de un rehén extranjero en Afganistán desde que los talibanes acabaran con la vida de un indio en abril de 2006 y fue calificado de "acto inhumano" por Corea del Sur.
Los rehenes surcoreanos, de entre 20 y 30 años, fueron secuestrados cerca de Qarabah cuando circulaban en la carretera Kabul-Kandahar, zonas controladas por la insurgencia. Se trata del grupo más importante de extranjeros secuestrado en Afganistán desde la caída del régimen talibán a finales de 2001.
50 bajas de la insurgencia
Por otra parte, más de medio centenar de presuntos insurgentes han muerto en las últimas horas en la provincia de Helmand, en el sur de Afganistán, en un enfrentamiento con el Ejército afgano y fuerzas de EEUU, incluidas las fuerzas aéreas, informó ayer la comandancia estadounidense.
El combate comenzó cuando un grupo de talibanes atacó a los militares utilizando armamento pesado, granadas y armas ligeras, según un comunicado de la comandancia.
Las fuerzas afganas y de EEUU "inmediatamente respondieron al fuego y pidieron refuerzos aéreos", que bombardearon las instalaciones donde se refugiaban los rebeldes en una batalla que se prolongó durante más de doce horas y que finalizó a primera hora de ayer.
Según el comunicado, en las instalaciones rebeldes había aparentemente una gran cantidad de material explosivo. Al término de la batalla, "se confirmó la muerte de más de 50 insurgentes".
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