AGENCIAS, Madrid
Con la muerte de Ingmar Bergman, el cine pierde a uno de sus grandes y más influyentes maestros. El cineasta, guionista, director de escena, dramaturgo y escritor sueco, fallecido ayer a los 89 años, firmó a lo largo de su carrera casi 50 películas, con títulos míticos como "El séptimo sello" o "Gritos y susurros", y dirigió un centenar de piezas teatrales. Con su complejo, oscuro y atormentado cine, Bergman, galardonado varias veces con el Oscar, indagó en los abismos de las relaciones humanas y en sus propias obsesiones.
El legendario e influyente cineasta sueco murió en su casa de la isla de Faaro, según confirmó su hermana. La muerte lo alcanzó "tranquila y suavemente", según Eva Bergman, que no precisó ni la causa ni el momento del óbito.
Desde que en octubre pasado fuera operado de una cadera, se conocía la delicada salud del cineasta. El Dagens Nyeter, el principal diario sueco, aseguró que Bergman murió en la madrugada del lunes. El funeral y el sepelio se llevarán a cabo en un acto íntimo en presencia de amigos y familiares en una fecha aún no precisada.
Nacido en Upsala, al norte de Estocolmo, el 14 de julio de 1918, e hijo de un pastor luterano, Bergman recibió una educación severa y austera. Una estricta formación religiosa que marcaría su atormentado carácter y que se reflejaría en su obra.
A partir de 1944 alternó el teatro con el cine. Se inició como ayudante de dirección y realizó su primera película, "Crisis", en 1945. Seguirían títulos como "Llueve sobre nuestro amor" (1946), "Noche eterna" (1947), "Ciudad Portuaria" (1948) o "Prisión" (1948).
A partir de los años cincuenta desarrolló una personal e intensa filmografía con casi 50 películas entre las que destacan "Sueños" (1955), "Fresas salvajes" (1956, premiada en Cannes), "El manantial de la doncella", (1959, Oscar a la mejor película extranjera), "Como en un espejo" (1961, también galardonada con el Oscar), "Gritos y susurros" (1972), "Secretos de un matrimonio" (1974) o "Sonata de otoño" (1978).
"Hacer películas es para mí un instinto, una necesidad como comer, beber o amar", declaró Bergman en una ocasión, recordando cómo había decidido en 1945 que el único medio moderno para expresarse era la gran pantalla. Con todo, en 1960 regresaría a sus orígenes al hacerse cargo de la dirección del prestigioso Dramaten, el Teatro Real de Arte Dramático de Estocolmo.
En 1955 obtendría su primer éxito cinematográfico internacional con "Sonrisas de una noche de verano". A finales de los cincuenta sus películas se harán cada vez más oscuras, centradas en parejas rotas y en seres torturados por crisis religiosas o existenciales. Su consagración llegaría en 1957 con "El séptimo sello" protagonizada por Max von Sydow y que le dio el premio especial del jurado en Cannes.
La agonía y el éxtasis
En 1976 se instaló fuera de su país, precedido ya por una excepcional obra enriquecida por títulos como "Los comulgantes", "Persona" y "Pasión", pero también por graves problemas con el fisco sueco, que lo llevaron primero al arresto luego al exilio en Alemania, donde rodaría "El huevo de la serpiente" y "De la vida de las marionetas".
De vuelta a su país trabajó para los dramáticos de la televisión pública sueca y rodó "Fanny y Alexander" (1982), que recibió cuatro Oscar y que constituye su testamento cinematográfico.
Con todo, en los años que siguieron a "Fanny y Alexander", volvería a ponerse detrás de las cámaras, esta vez para el medio televisivo, al que daría una gran obra, "Saraband", precedida de otras como "Después del ensayo" (1984), "Los dos bienaventurados" (1986), "En presencia de un payaso" (1997) y "Bildmakarna" (2000). Escribió además guiones que fueron rodados por otros realizadores. El danés Billie August rodó "Las mejores intenciones" (1990) premiada en Cannes, y su ex compañera Liv Ullmann "Confesiones privadas" (1996) o "Infiel" (2000).
Ignorado durante mucho tiempo en su país natal, acusado de acrecentar la fama de neuróticos de sus compatriotas, Suecia le rindió sólo en los últimos años de su carrera el reconocimiento que merecía como gran maestro del cine. Ahora se concede un Premio Bergman a los jóvenes talentos del cine sueco, un galardón considerado como el Oscar del país nórdico.
En paralelo a su andadura cinematográfica y como dramaturgo y director de escena, desarrolló su carrera de escritor. Miembro de la Academia de las Letras de Suecia, Bergman reveló su vida privada y profesional en libros de corte memorialístico como "Linterna mágica", "Imágenes" y "Niños del domingo", adaptado éste a la gran pantalla por su hijo Daniel.
Tras la muerte en 1995 de su última esposa, Ingrid, Bergman se retiró a la isla de Faaro, al norte de Gotland, paraje que sirvió de escenario para varias de sus obras.
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