PARECE que han estado bastante movidos los últimos plenos del Ayuntamiento de Santa Cruz. Lo de la Plaza de España, que no gusta a muchos ciudadanos; lo de Las Teresitas, que la Corporación no sabe cómo cumplir la sentencia, y la manera de desarrollar las sesiones plenarias algunas de las cuales, más que plenarias, parecen asamblearias, han sido los principales temas objeto de discusión.
Se ve que al equipo de gobierno le parecen demasiadas las ponencias presentadas por la oposición y el tiempo que se pierde en debates en torno a las mismas y quieren reglarlas. A los que mandan les gustarían sólo tres proposiciones o ponencias por grupo con unos tiempos limitados, y los grupos que están fuera del gobierno municipal consideran escaso el número de ponencias e insuficiente el tiempo para réplica y contrarréplica. No se puede, dicen, presumir de democráticos y luego cortar de repente el grifo de la democracia.
Recuerdo uno de tantos gobernadores civiles que vinieron a Tenerife, que en el discurso de toma de posesión dijo que él estaba con el pueblo y que todo aquel que tuviera un problema fuera a verle desde el día siguiente. A las once de la mañana de ese día siguiente fui a dicha dependencia a ejercer mi labor informativa, y no pude subir por la escalera. El camino desde el despacho del nuevo gobernador hasta la calle estaba tomado por una masa informe de pueblo, con niños llorando y moqueando. La gente se había tomado la oferta en serio, cuando son cosas que se dicen para concitar un poco de empatía.
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