Criterios
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

LA BUENA UVA JOSÉ H. CHELA

Ingmar y Michelangelo

2/ago/07 07:44
Compartir
Edición impresa .

RESULTÓ CRONOLÓGICAMENTE curioso, casi como sucedió con Shakespeare y Cervantes, sólo que aquella coincidencia nunca fue históricamente cierta y ésta de ahora, sí. Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni, dos de los máximos representantes de un cine intelectual, a veces esplendorosamente sombríos, pero casi siempre herméticos y simbólicos, figuras culturales de esencial vigor y trascendencia en las décadas de los 60-70, han muerto prácticamente el mismo día. Al final de este julio insano e incendiado que sucumbió al tiempo que sus vidas. Cervantes y Shakespeare fallecieron también, se cuenta, en idéntica fecha. Pero, no es cierto, porque en España y en Inglaterra los calendarios en vigor eran distintos. Hubo unos cuantos días de diferencia en la defunción de los dos genios.

Con Bergman y Antonioni desaparece la referencia a una época en la que el cine era mucho más que el entretenimiento de hoy. Más en este país, donde el régimen dictatorial persistía y quienes suspiraban por las libertades -entonces se decía apertura- buscaban en las actividades culturales unas plataformas toleradas por el sistema desde las que poder opinar e incluso agitar las conciencias del personal. Se abrieron, por aquellas épocas fraguistas, las llamadas Salas de Arte y Ensayo. Eran cines donde, supuestamente -no siempre sucedía así- se proyectaban películas de interés artístico y vanguardista, y a los que acudían muchos espectadores ansiosos no de presenciar una obra de arte para discutirla luego, sino ávidos de contemplar una teta o de derretirse ante el atisbo de un desnudo. En las salas comerciales esas libertades estaban todavía prohibidas, aunque, después, se pasaría del ayuno al hartazgo en la etapa del famoso destape. De modo que mucha gente iba a ver, pongamos por caso, El manantial de la doncella, de Bergman, a la espera de la secuencia de la violación -no muy explícita- en una película de carácter más bien ascético y en cierto modo religioso. Pero, el mismo público que iba a ver a Bergman o a Antonioni, por si los raudos fotogramas de un culito fugaz, iba a ver Helga, un simple documental donde se mostraba un parto. Sin más. Eso ponía a algunos. Imagínense lo que habían terminado por hacer con la líbido colectiva la educación y la censura franquistas.

Pero, Bergman y Antonioni eran iconos intocables de la cultura universal. A mi -yo era crítico de cine entonces- me gustaban algunas cosas del sueco y me la refanfinflaban todas las del italiano, que me parecía un pelma insufrible, si quieren que les diga. Pero, ambos cineastas eran imprescindibles en los cineclubs, donde los activistas y agitadores sociales de aquellos años nos reuníamos, más que para ver películas, para hablar de libertad y para debatir asuntos que no podían tratarse en los medios de comunicación. A Antonioni y a Bergman les debemos muchos periodistas y muchos políticos habernos conocido antes de que la democracia fuese una realidad. Gracias, don Ingmar. Gracias, don Miguel Ángel.

josechela@mojopi.com

 

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Criterios

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: