para los más puristas , las mezclas de vino y adornos no suelen resultar interesantes. Desde mi perspectiva podríamos extrapolar el ejemplo al mundo de los destilados, analizando la herejía que resulta para muchos combinar con refrescos bebidas como el ron, el whisky, la ginebra, el vodka...
Por supuesto que hay vinos que no merecen ese trato diluyente y enmascarado, como igualmente podríamos comentar de los alcoholes citados, pero también es cierto que, en determinadas circunstancias y con vinos menos complejos, el ejemplo de la sangría puede resultar una alternativa refrescante.
La sangría se define como la bebida derivada del vino, producida en España, compuesta de vino tinto al menos hasta la mitad del volumen total, agua natural o gasificada, zumos y extractos o esencias naturales de frutos cítricos, con adición o no de azúcares. El grado alcohólico del producto terminado es de 7 a 12º. Puede contener además partículas sólidas de la pulpa o pieles de cítricos. Existe una variante, la sangría zurra, que consiste en el mismo preparado con la adición de aguardientes, licores u otras bebidas derivadas de alcoholes naturales, sin elevar en más de dos grados al producto terminado, su graduación final oscilará entre 7 y 14º. La alternativa con vino blanco se denomina clarea, con la opción de clarea zurra. Según el contenido de azúcares, pueden ser secas con menos de 5 g/l de azúcar, abocadas entre 5 y 15, semisecas, entre 15 y 30, semidulces entre 30 y 50 y dulces entre 50 y 70 g/l de azúcar.
Entre las prácticas permitidas en su elaboración se contempla la adición de mostos, mistelas, azúcares, caramelos y arrope. Incorporación de especias aromáticas naturales como la canela y el empleo de gas carbónico, siendo la sobre presión del producto acabado menor a 1 atmósfera a 20 ºC.
Los zumos cítricos proporcionan el frescor, estimulando el apetito y facilitando la digestión, además de su contenido vitamínico en vitamina C, B1, etc.). Siguiendo con el sistema industrial de elaboración, existen tres etapas; la mezcla y disolución de los ingredientes (en depósitos de acero inoxidable que permiten calentar la mezcla hasta 50-60ºC para conseguir una buena disolución); filtración abrillantadora; pasteurización a 72-78ºC.
Existen muchas otras variantes interesantes populares, que consisten en la elaboración casera: exprimir las naranjas, reservar la piel para adornar, lavar los melocotones y cortarlos en trozos pequeños, utilizar una jarra de barro para la mezcla añadiendo vino y azúcar... hay quien le añade cubitos de hielo, rodajas de limón... Cada maestrillo, ya se sabe... ¡Salud!
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