EL DÍA, Candelaria
Ayer se vivió un verdadero día de fiesta en Candelaria. La calle de La Arena, la playa, la plaza de la Basílica, los escalones o los muros de Santa Ana volvieron a ser espacios singulares para disfrutar de vivencias e imágenes singulares. Fuentes del ayuntamiento aseguraron que alrededor de 20.000 personas acudieron a la villa para disfrutar de la jornada; eso sí, cada uno a su manera.
Al final, afortunadamente, sobraron plazas de aparcamiento, sobre todo en la zona del Polígono Industrial. La bajada por el Risco de la Magdalena se hizo agradable para muchos. Por cierto, el consistorio debería cuidar la limpieza en los márgenes de algunas calles para estos días.
Algunos aprovecharon la masiva asistencia para abrir un ventorrillo en el garaje de su vivienda. Tenían los precios en el exterior y la pegatina grande de una marca de cervezas. Por cierto, al acabar la misa, estaba muy concurrido el "establecimiento".
El templo no se llenó totalmente hasta el momento en que entró el obispo y el resto de autoridades civiles y militares. La maresía llegaba por la puerta lateral, lo que permitió que el calor no agobiara a los presentes. Por cierto, mucha gente continúa sin apagar los móviles durante los actos públicos. Las misas no son una excepción. Los usuarios de estos teléfonos hablan tranquilamente y en voz alta con sus interlocutores. Confirman una y otra vez "que sí, que estoy dentro de la iglesia".
Bueno, unos estaban dentro de la iglesia y, mientras se desarrollaba la homilía, otros muchos se hallaban cogiendo sol en la playa de arena negra. El viento se hizo notar en algunos momentos y "la mar" estaba picada. Hasta tal punto fue así que más de uno pasó algún apurillo para salir del agua tras darse un chapuzón.
El perímetro de la plaza se llenó de fieles y curiosos para observar la procesión. Mientras tanto, los peregrinos más rezagados aún caminaban por los márgenes de la autopista del Sur.
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