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LA BUENA UVA JOSÉ H. CHELA

Falibilidad gastronómica

16/ago/07 07:43
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Vaya por delante que, particularmente, no me interesa en absoluto ese matahambres universalizado por la culinaria italiana llamado pizza. Con su masa se lo coman. Pero, sí me llaman la atención todas las noticias que guardan alguna relación con la gastronomía y, ¡ay, caramba!, la pizza también tiene que ver con eso. La pizza -o, mejor dicho, los cocineros que continúan creyendo en las posibilidades del viejo invento- ha venido a demostrar, eso sí, que el Papa no es infalible al menos en materia de nutrición y buen gusto. Eso me parece bien. Que los experimentos coquinarios, digo, vengan a demostrar la falibilidad papal, que es en lo único que creo, si quieren que les diga, en torno a los mitos vaticanos.

Benedicto XVI tuvo el privilegio de probar, en plan primicia, una pizza experimental (la pizza antiarrugas) creada por un nutricionista bioquímico de la Universidad de Nápoles, Eugenio Luigi Dorio, y un chef famosillo en la península transalpina, Cosimo Mogavero. Al sumo pontífice, parece ser, le encantó la degustación y sus creadores ya se daban con el canto de la fortuna en los dientes, cuando la noticia salió en los papeles (La Stampa tuvo la culpa) y los defensores de la pureza de la cocina italiana vinieron a jorobar el negocio, anatemizando la fórmula y acusando al científico y al cocinero de auténticos herejes. Porque, paradojas del destino, las herejías pueden surgir en diversos ámbitos y no sólo en el de las creencias religiosas. La heterodoxia de los hornos y fogones no se paga hoy en día con el fuego de las parrillas, pero las brasas, en esta oportunidad, están del lado de quienes defienden la tradición y la verdad establecida en las cocinas. O sea, que la pizza antiarrugas de Iorio y Mogavero es un "sacrilegio" cultural conforme al dictamen de la "Asociación de la verdadera pizza napolitana" y que la extraoficial bendición del Papa al producto elaborado por "La fabbrica dei Sapporo" a base de harina integral, tomate, ajo, bubango, champiñones, zanahorias, espinacas y albahaca, no ha servido de nada. Los expertos en la materia afirman que esa harina impide que la masa crezca al calentarse y forme los bordes rizados característicos de la genuina pizza napolitana, y los especialistas en dietética afirman que no por mezclar muchas verduras y legumbres con cantidad de fibra alimentaria, el resultado de la suma ha de tener los efectos saludables de los que presumen los lanzadores de la pizza Primula, que así se llama la controvertida propuesta.

A uno, si quieren que les diga, aunque le parece estupendo que la infalibilidad del Santo Padre se haya estrellado contra la defensa de la autenticidad gastronómica, sospecha empero que, si a quien se le llega a ocurrir la ocurrencia hubiese sido Ferrán Adriá, a estas alturas la pizza antiarrugas ya habría sido declarada dogma de fe. Dogma aceptado, además, por el universo. La cocina también tiene sus papas, que no guardan relación alguna con el tubérculo, tíos.

josechela@mojopi.com

 

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