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Cartas al Director

16/ago/07 07:43
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Adiós a las armas

Estimado Antonio. Empezaré señalándole que coincido con usted en que resulta una contradicción la creación de un cuerpo militar dedicado a tareas civiles. Obviamente sería mucho más sensato crear un cuerpo específicamente preparado para casos de catástrofes formado por personal experto. No sólo para catástrofes nacionales, sino también para actuaciones humanitarias internacionales. Todo ello con profesionales bien cualificados y por tanto ajenos al ejército y los militares.

Sin embargo, permítame discrepar en la premisa en la que se basa su defensa del ejército, pues hace una comparación entre militares y policías para justificar la existencia de los primeros. Sin embargo, la diferencia entre ambos cuerpos es esencial. La misión de la policía es defender la seguridad colectiva, es, por tanto, una tarea objetiva y comunitaria. Pero la función de los ejércitos es defender, o atacar, los intereses particulares y subjetivos de un estado contra otro ejército y otro estado. Dicho de otra forma, comparar militares con policías sería como proponer que cada ciudadano tuviese un policía para resolver sus conflictos bélicamente luchando contra el policía del vecino. Por tanto, el ejército representa conceptualmente el antónimo de la democracia.

Como conclusión, la desaparición de esta arcaica visión del mundo fraccionado debe ser un objetivo para cualquier estado civilizado. Y este ideal sólo será "utópico" si nos empeñamos en seguir definiéndolo con esa palabra. Pues la mejor defensa para cualquier comunidad moderna es siempre el diálogo, las relaciones diplomáticas y comerciales, y compartir objetivos comunes. O sea, lo que mantiene nuestro mundo moderno en paz es la lograda globalización. Exceptuando, por supuesto, el triste sistema bélico norteamericano.

Por otra parte, sobra señalar que ningún acto o ideal puede ser justificado por su simple aparición en la Constitución o en cualquier código normativo. Las leyes están hechas para cumplir con los hombres y no al contrario. Particularmente, la Constitución española fue creada en una transición a partir de una dictadura militar. Así que no sólo no es válida como referencia, sino que en muchos aspectos resulta manifiestamente obsoleta. Afortunadamente, nuestra sociedad ha evolucionado mucho ideológicamente en estos 30 años, a pesar de que la Constitución apenas se ha modificado desde entonces.

Especialmente preocupante me parece su opinión a favor del servicio militar obligatorio. ¡A estas alturas del siglo XXI! Si evitamos todos los eufemismos que se usan en estos casos, el ejército es un organismo cuyo método es matar y destruir. Así que mantener una institución donde todos los varones de la nación estén obligados a aprender doctrinas de guerra y técnicas para matar es como mínimo espeluznante. Puestos a demoler el sistema democrático que nos concede el derecho de elegir nuestra ocupación, sería preferible que se nos instruyese en las ciencias de la medicina, la docencia o el trabajo social, mucho más prácticos y necesarios.

Incluso no debemos olvidar que un ejército vocacional está formado por individuos con aspiraciones bélicas. Si realmente estuviesen movidos por un afán humanitario, sin duda habrían elegido cualquier otra opción profesional o de voluntariado.

En definitiva, el método de actuación de cualquier ejército es imponer el interés de un país particular mediante la guerra, la muerte y el dolor. O como decía una frase hippie: "Matar por la paz es como follar por la castidad". Si queremos tener un cuerpo preparado para emprender tareas humanitarias o de emergencias en caso de catástrofe, es evidente que debe estar compuesto por personal sanitario, docente, ingenieros, arquitectos, bomberos, policías, etc., y nunca militar, pues en su concepción básica es un organismo destructivo y no constructivo. Así pues, el fin del militarismo y la creación de nuevas organizaciones con tareas solidarias dentro y fuera de nuestras fronteras debe ser una reivindicación de los ciudadanos modernos y un objetivo de los estados más progresistas.

Marcos Ernesto Villa

Conciertos

Me dirijo a los responsables de la organización de eventos tales como conciertos, principalmente.

Muchas personas tendrán el mismo problema que yo y se sentirán identificadas con esto. Pienso que todo el mundo tiene el mismo derecho de ir a un concierto, ya seas discapacitado físicamente o estés en condiciones saludables.

Tengo los mismos derechos que las demás personas y por el simple hecho de ir en silla de ruedas no creo que sea motivo de discriminación (por así decirlo).

Como caso particular, señalo el concierto de don Omar el pasado 1 de agosto, en el cual no había ninguna zona de discapacitados, fui con varios acompañantes y en ese sitio me encontré con una persona que tenía el mismo problema que yo, en fin, que vi el concierto un poco mal, debido a que no se veía parte del escenario, tenía que mirar continuadamente a la pantalla y acabé con un pequeño dolor de cuello. Como este muchos otros, como por ejemplo el de Juanes el que, en este sí había zona para discapacitados pero estaba junto a la zona VIP, y al ponerse de pie la gente, lógicamente, no veía nada; y encima sólo me dejaron pasar con un acompañante, mi tía y yo por un lado, y mis hermanas y mis primas por otro.

En conclusión, quiero hacer un apartado con el que personas con el mismo problema que yo sientan un apoyo, y una vez más quiero quejarme al ayuntamiento responsable de organizar tales acontecimientos, de que pongan un sitio para discapacitados.

Solo piensen una cosa: si usted que está leyendo este artículo quisiera ver a su ídolo y no pudiera por una mala organización, ¿cómo se sentiría?, piénselo.

Yusbeli Marcelino Ramos

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