EL MARTES 14 de agosto de 2007 se ha convertido el más negro de la guerra de Irak desde su comienzo en marzo de 2003: en el momento de enviar este artículo había ya unos 250 muertos y otros tantos heridos en el cuádruple atentado contra viviendas de yazidíes (kurdos adeptos a una secta religiosa pre-islámica) en las cercanías de Mosul.
Al mismo tiempo se producía un audaz secuestro de funcionarios, incluido un viceministro, en el ministerio del Petróleo, aparecían varios cadáveres, se registraba otro atentado menor y el mando americano anunciaba la muerte de nueve de sus soldados, cinco de los cuales al caer a tierra un helicóptero.
Simultáneamente se concentraban en Bagdad unos 50 líderes políticos y confesionales convocados por el primer ministro Nuri al-Maliki en lo que parece ser la última oportunidad de recomponer el moribundo proceso político interno cuya expresión más acabada es la del gobierno paralizado por el boicot de tres de sus factores centrales: los chiíes laicos de Iyad Alaui, el Frente (sunní) de la Concordia y los chiíes radicales y anti-americanos de Muqtada al-Sadr.
Aunque se suponía, ha quedado claro en los últimos días que al-Maliki ha sido fuertemente presionado desde Washington para ver de dar al dúo Ryan Crocker (embajador) y Davida Petraus (jefe militar sobre el terreno) la posibilidad de meter algún progreso político en el informe que ambos deben presentar al Congreso de los Estados Unidos a mediados de septiembre.
La tragedia del martes, que en gran parte puede ser atribuida a al-Qaeda (o, al menos, a su cobertura formal, una nebulosa conocida como Estado Islámico de Iraq) es un gigantesco río de sangre con su cruda y primaria lógica interna (los yazidíes son unos kurdos heréticos y muy endogámicos desdeñados por los musulmanes) inseparable de la locura a que ha llegado la pugna político-militar-confesional en el desdichado país.
La cumbre reunida en Bagdad difícilmente podrá encontrar una salida que solo podría llegar sobre la base de una coalición de todos contra al-Qaeda contra una fecha de retirada norteamericana y la recuperación leal, completa y operativa del veinte por ciento de sunníes muchos de los cuales ven en la alianza insurgencia-al-Qaeda (una organización explícitamente sunní) un arma temible. Unos en la lucha contra los escuadrones de la muerte chiíes y otros, un poco más lejos: en el contexto regional, post-bélico, a más largo plazo.
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