COINCIDIMOS con la apreciación realizada ayer en Candelaria por el presidente de Canarias, Paulino Rivero, sobre la supuesta crisis de las infraestructuras en Cataluña, pero al mismo tiempo admitimos que nos han dejado anonadados sus declaraciones en torno a la Virgen de Candelaria, Patrona General del Archipiélago. Don Paulino, dos preguntas: ¿de qué color es el caballo blanco de Napoleón? ¿Cuál es la capital de España, Madrid o la que quiera la devoción de cada uno de los españoles? Don Paulino, la política ni puede ni debe desvirtuar la verdad. Y la verdad es la que es.
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En nuestra primera página de ayer destacaba una bella estampa de la Patrona General de Canarias. Era nuestro tributo a la Virgen de Candelaria en el día de su festividad, pues merece ser tratada con los máximos honores. Así ha quedado reflejado en los últimos días por el cariño que tanta gente le ha mostrado acercándose a la Villa Mariana. Una festividad la de la Patrona General de Canarias que cada vez cuenta con un mayor arraigo y acogida como ponen de manifiesto el incremento del número de peregrinos, la seguridad y hospitalidad del municipio y la devoción popular por la Morenita.
Sin duda, este mayor sentimiento de admiración por la Virgen de Candelaria ha aumentado tras el intento de los canariones de querer igualarla a la Virgen del Pino, escarceo que contó con la candidez de un destacado político tinerfeño que, actuando de buena fe, casi estuvo a punto de dejarse "sobornar" y, a través de un falaz estatuto de villas marianas, otorgar el mismo tratamiento a Candelaria y Teror, lo que hubiera significado quitar el Patronazgo General de Canarias a la Morenita, en beneficio, como siempre, de la patrona de la tercera isla. Gracias a la mano de la propia Virgen y a la valentía del alcalde de la Villa Mariana, José Gumersindo García, los canariones fracasaron en su intento, pero estamos seguros de que volverán a la carga en cuanto tengan la mínima oportunidad.
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Al igual que no albergamos ninguna duda acerca de sus intenciones a la hora de solicitar al Servicio Canario de Salud que el Hospital Insular de Canaria sea declarado centro de referencia en el Archipiélago para emplear con fines terapéuticos la aféresis, una técnica que tal y como apuntamos ayer y quedó perfectamente explicado en un reportaje de nuestra compañera Nuria Díaz, permite separar los componentes de la sangre en el mismo acto de la donación.
Nuestra sospecha, ya se aclarará y no tendremos ningún reparo en admitir que estamos equivocados, está sustentada en que ya trataron de quedarse con la sangre de todos los canarios en su momento y gracias al empeño y desvelos de este periódico se paralizó el proceso. Ahora, observando el ímpetu que han puesto sus políticos y una parte de los habitantes de la tercera isla para rapiñar todo lo que puedan a Tenerife, la isla mayor y principal, con una población de gran nobleza y, cierto es, algunos dirigentes "tontos" e interesados sólo por sus bolsillos, no nos extraña nada que vuelvan a la carga con la sangre. Para lograr su propósito, nada mejor que enmascararlo tras un inocente sistema denominado aféresis para ver si cuela.
No cejan en su empeño de arramblar con todo y, por ello, aconsejamos a todos aquellos que estén obligados a relacionarse con los políticos canariones que tengan en cuenta las siguientes reglas: ¡A los canariones, ni agua; con los canariones, ni a misa! Y no hace falta decir que nos referimos, como siempre, a los políticos y a esa parte, mínima, de los habitantes de Canaria, jamás al resto de sus ciudadanos.
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En esta Casa nos duelen estas injusticias e irritan los comportamientos de políticos falsos y traidores que no entienden que no se puede luchar contra la razón, la lógica, la justicia, la armonía y la convivencia de los canarios. Urge poner en su sitio a la tercera isla, cuya ambición, rapiñas y trapacerías están perjudicando la unidad y poniendo en peligro la convivencia de los canarios. En primer lugar, eliminando el intruso e indigno "gran", pues no existe ningún argumento con base suficiente para que Canaria lo siga utilizando. Si hubiera la más mínima razón, que no la hay, el "gran" no es por grande en ningún aspecto, en absoluto, si acaso por el vasallaje que rendían los nativos a sus majestades de allende los mares. El Parlamento debería acordarlo sin necesidad de estudio, porque se lo atribuyeron sin fundamento alguno, al igual que el absurdo y ruin orden alfabético que, en contra del derecho comparado, sitúa a Tenerife la última, pese a ser la mayor y principal, y la disminución de su tamaño en el escudo. Otras ruindades. El actual Estatuto de Autonomía debe ser eliminado, ya que se trata de una machangada política, aprobado por cobardes políticos tinerfeños para complacer a los canariones.
Que la Virgen de Candelaria vuelva a poner su mano.
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