J. A. DULCE, S/C de Tenerife
Poseedor de una de las visiones pictóricas más originales del arte canario contemporáneo, Rubén Sánchez destaca también por su renuncia a la iconoclastia de salón. Su audacia es natural, no busca epatar al espectador; por otro lado, no se siente en la obligación de menospreciar a los creadores que le han precedido, sino que respeta una tradición artística que, además, considera su fermento.
Fiel a su cita veraniega con la sala O'Daly, Rubén Sánchez acaba de presentar en la galería de Santa Cruz de La Palma su última producción, "Naked nudes", un título que en su traducción española (Desnudos desnudos) delata un pleonasmo que el pintor justifica y llena de contenido a través de su peculiar visión del género, pasado por un filtro doméstico y genuinamente irónico.
-Lo dejábamos hace un año con "La ciudad de las últimas cosas", en la que mezclaba elementos extraordinarios y realidades cercanas. ¿Cuál es el elemento de extrañación en "Naked nudes"?
- Tal vez en esta muestra el objetivo no sea tanto el extrañamiento, aparte del que de por sí puede provocar el desnudo. Este conjunto de cuadros puede que busque más bien jugar con las referencias directas y con la apropiación en un sentido que podría interpretarse incluso de un modo pedagógico.
-¿Qué cuadros de la historia del arte ha recreado o parodiado?
-Principalmente he tomado como referencia desnudos, pero en algunos de los cuadros simplemente he tomado imágenes que me resultaban atractivas y las he adaptado a este género. Estas versiones propias toman como base obras representativas de artistas como Hockney, Caravaggio, Rembrandt, Hopper, Picasso, Velázquez, Fischl, Balthus y otros tal vez menos conocidos. La exposición incluye, incluso, una versión del "David" de Miguel Ángel.
-Como Hitchcock en sus películas, suele aparecer en algunos de sus cuadros. ¿Qué grado hay de narcisismo en este recurso y cuánto de diálogo irónico con los motivos elegidos?
-No voy a negar que hay un componente narcisista importante. No es algo que pueda negar así como así, sobre todo teniendo en cuenta que en la próxima exposición que presento en Arucas en septiembre salgo en todos los cuadros en compañía nada más y nada menos que de Audrey Hepburn. De todos modos, quiero pensar que, en la mayoría de los casos, el hecho de que me incluya se deba a una cuestión práctica: soy mi modelo menos problemático. De hecho, en la exposición "Naked nudes" solo aparezco en cuatro de los diecisiete cuadros, concretamente en aquellos para los que aún no disponía de modelos.
-Un humor soterrado recorre casi toda tu obra. ¿Es una risa oculta dirigida contra el arte académico que aún se cultiva en las Islas, una formar de sacar al espectador de su pasividad?
-No me considero en una posición como para censurar lo que hacen otros artistas. También en este terreno hay que tolerar la diferencia, sobre todo teniendo en cuenta que mis cuadros, dentro de las últimas creaciones de mis coetáneos, se encuentran entre los que más deben a esa tradición. Además, habría que ver qué es el arte académico hoy; pues, a mi entender, el arte heredero del expresionismo y demás adolece de una redundancia tal que podría incluirse en esa definición. En lo que respecta al humor, es un aspecto que he decidido incluir recientemente en los cuadros tras un primer periodo en el que traté temas más graves (por ejemplo "Los niños", que expuse el pasado año en la sala Caixa de La Laguna). El aspecto humorístico me deja la sensación de que los cuadros tienen al menos un objetivo cumplido.
-No me resisto a preguntarle por la política que el Gobierno canario viene desarrollando en el terreno de las artes plásticas. ¿Más ruido que nueces?
-No es algo de lo que pueda hablar con propiedad; pero puedo decir que, en principio, hay poco a lo que podamos agarrarnos los que queremos vivir exclusivamente de esto en Canarias. Aquello por lo que terminan optando mis colegas, y probablemente, también yo, es salir de las Islas.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD