COLPISA, Madrid
La leyenda de Elvis Presley no deja de agigantarse desde su muerte por sobredosis en Graceland el 16 de agosto de 1977. Este año se cumple el trigésimo aniversario de su muerte.
"Me llamo Elvis Presley y me gustaría grabar un disco para mi madre". Esta sencilla pretensión fue el primer paso de la carrera que llevaría a Elvis Presley al trono del rock and roll. Un meteórico ascenso que se truncó hace ahora treinta años, cuando la voz cálida y rotunda del rey se ahogó en un cóctel de barbitúricos y somníferos en el cuarto de baño de su suntuosa mansión de Graceland, en Memphis. Daba paso a una leyenda que no para de crecer.
Desde entonces, cada año, decenas de miles de seguidores pasean por la ciudad que vio morir al rey e imitan su vestimenta y su inigualable voz o se casan en la capilla de su mansión. Y son muchos los que piensan que Elvis vive en una isla junto a Jim Morrison, Marilyn Monroe, Jimi Hendrix y Janis Joplin. Aunque lo cierto es que dejó su trono para ocupar su lugar en otro reino: el de los mitos. La de Elvis Aarón Presley es la típica historia del sueño americano.
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