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La fuerte vigilancia en las aguas canarias y africanas frena la salida de cayucos

Este verano ha disminuido la llegada de cayucos a Canarias. La operación aeronaval "Hera III", que coordina Frontex en la costa occidental de África, junto con barcos de apoyo africanos, obliga a las expediciones clandestinas a dar la vuelta, pero algunas escapan.
16/ago/07 07:43
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DORY MERINO, Tenerife

Los candidatos a la inmigración clandestina siguen merodeando por las costas de distintos países africanos, como Senegal, Mauritania o Guinea, pero la fuerte vigilancia que hay en el mar está frenando la salida de cayucos, según han manifestado a EL DÍA observadores internacionales en aquellos países, que, además, han hablado con los habitantes de esas zonas y aseguran que ahora no es un buen momento para emprender la travesía hacia Canarias, pese a que algunos lo siguen intentando.

En cambio, estos ciudadanos africanos no han reflejado que la disminución de las salidas se deban a las iniciativas anunciadas por los gobiernos senegalés y mauritanos, y apoyadas económicamente por España, de preparar a jóvenes para que trabajen en la agricultura del país y, de esta forma, tener allí un futuro.

Más que el despliegue diplomático de España en los países africanos, según los observadores, ha sido el incremento de la vigilancia en las aguas lo que ha reducido la salida de cayucos.

Desde la Agencia Europea de control de Fronteras Exteriores de la Unión Europea (Frontex), con sede en Varsovia, se aseguró que la operación aeronaval "Hera III", que coordina el operativo europeo en la costa occidental de África, está funcionando de forma ininterrumpida desde el pasado 15 de febrero, con la participación de seis países europeos y barcos de apoyo de los países africanos implicados.

El despliegue coordinado por Frontex cuenta con la autorización y colaboración de Mauritania y Senegal para ejercer la vigilancia en sus aguas, después de que ambos países hayan reconocido la tragedia que supone la inmigración irregular, sobre todo sabiendo que han fallecido miles de personas en el intento.

España aporta tres patrulleras de la Guardia Civil y dos helicópteros, uno de la Guardia Civil y otro del Cuerpo Nacional de Policía. En el control colaboran de forma puntual barcos de la Armada. Además, Italia, Francia y Luxemburgo también han comprometido medios para ejecutar las patrullas navales y aéreas.

Desde Frontex se recalca que la finalidad de esas labores de patrullaje, que se llevan a cabo de manera conjunta con los gobiernos de Senegal y Mauritania, será impedir que los inmigrantes abandonen la costa para adentrarse en alta mar y, así, reducir la pérdida de vidas humanas. En la práctica, cuando los barcos europeos detectan la salida de un cayuco, le obligan a dar la vuelta a su origen.

No obstante, la vigilancia no es siempre igual. La solidaridad italiana está garantizada, porque este país también sufre la llegada de centenares de clandestinos a la isla de Lampedusa. Pero desde España se recalca que hacen falta más medios operativos y ponerlos a disposición de Frontex, en relación a los 115 barcos y la veintena larga de aviones y helicópteros prometidos el año pasado por los países de la UE, que luego no se han materializado. Desde la Comisión Europea se confirmó que Frontex contará este año con 35 millones de euros más otros 7 millones adicionales.

Se desplaza a otros puntos

Varios factores han influido en el descenso de llegadas: las operaciones son más efectivas por la experiencia acumulada; Senegal y Mauritania y Cabo Verde están cooperando mejor; y España está desplegando más medios a la zona.

Estos tres elementos hacen que las cifras de llegadas sean inferiores a las del año pasado, cuando España recibió más de 30.000 personas clandestinas por mar, Italia, 22.000, y Grecia, 82.000. Estos fueron los países de la UE que mayor presión migratoria irregular aguantaron en 2006.

Debido a la vigilancia en la costa del África Occidental, las salidas se han desplazado a zonas más hacia el norte, hacia el Sáhara, donde Frontex no está presente.

También se registran llegadas en gran número en el Mediterráneo central, que suelen salir de Libia o Túnez. La llegada de algunas embarcaciones a Baleares es también indicativa de este cambio en la presión migratoria.

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