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La escasez de víveres y medicinas agrava la situación de los damnificados en Perú

El terremoto de 8 grados ha dejado una estampa de desolación en gran parte del país, al que empieza a llegar la ayuda humanitaria. Las primeras estimaciones hablan de 85.000 damnificados y casi 17.000 viviendas destruidas.
18/ago/07 02:06
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AGENCIAS, Pisco/Lima

La escasez de agua, alimentos y medicinas, junto a la imperiosa necesidad de carpas y tiendas de campaña para alojar a todas las personas que han perdido sus hogares, se ha convertido en la principal urgencia en el día después al terremoto que la noche del miércoles asoló ciudades enteras del suroeste de Perú. El Gobierno peruano asistió impotente a las demandas de ayuda de miles de damnificados en una jornada de infierno en muchas poblaciones que quedaron aisladas a causa de los cortes de carreteras mientras aumenta la cifra de muertos.

Informaciones preliminares de los bomberos señalaron ayer que el terremoto ha dejado unos 510 muertos, 1.500 heridos y 85.000 damnificados, mientras que el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci) informó de 16.669 viviendas destruidas en las regiones de Ica, Lima, Junín y Huancavelica.

La falta de agua agravó la situación sobre todo en Ica, Pisco, Chincha y Cañete. En estas ciudades, que además permanecen a oscuras por la falta de electricidad, muchos supervivientes tuvieron que pasar su segunda noche al raso rodeados por los escombros a los que quedaron reducidas sus casas. El drama adquirió proporciones macabras tras conocerse las sospechas de los equipos de rescate de que bajo esos mismos cascotes podría haber decenas de cadáveres o personas vivas atrapadas. A pesar de las horas transcurridas, muchas familias no renuncian a hallar con vida a sus desaparecidos.

"La situación se agudiza por la falta de carpas, alimentos, agua y medicinas", señaló este viernes Guillermo Merino, comandante de los Bomberos de Pisco, la ciudad más devastada por el terremoto, de 7,7 grados en la escala de Richter. Cerca del lugar donde hacía estas declaraciones, un grupo de subordinados suyos luchaban contra el reloj y removían los restos de tierra y piedras de lo que fue la iglesia católica de San Clemente con la esperanza de rescatar a alguna de las decenas de personas que asistían a la misa cuando se hundió el templo, y que ahora figuran en las listas oficiales de desaparecidos.

En plena calle, cerca de la Plaza de Armas, unos cincuenta cadáveres fueron alineados a la espera de que sus familiares desesperados acudieran a identificarlos o recogerlos. Algunos se los llevaron para enterrarlos, incluso en sus vehículos particulares. La magnitud del desastre también es tremenda en los hospitales, que están colapsados por el gran número de heridos y por la falta de material médico, además de sufrir daños en sus estructuras. La situación tampoco mejoró Ica, donde el terremoto dejó tras de sí cientos de viviendas destruidas y vehículos sepultados bajo escombros.

Saqueos

El presidente peruano, Alan García, hizo un llamamiento a todos los afectados para que no caigan en la "desesperanza" porque, aseguró, "nadie va a morir de sed ni de hambre". No obstante, en los lugares donde la destrucción es mayor se registraron ya varios casos de pillaje y saqueos a farmacias y almacenes de comida, que en algunos casos hicieron necesaria la intervención de la policía.

En Chincha, la policía intensificó la búsqueda de más de 600 presos fugados de la cárcel de Tambo de Mora, que se desplomó a causa del seísmo. "La policía tiene órdenes de recapturar vivos o muertos a los delincuentes", aseguró el general Eduardo Montero, jefe de la Dirección de Criminalística.

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