UNA DE LAS ASIGNATURAS que el Gobierno presidido por Adán Martín ha dejado pendiente a su sucesor en el cargo, Paulino Rivero, es, sin duda, la de sanidad. En este periódico hemos valorado en distintas ocasiones las últimas etapas por las que ha pasado este departamento y no nos han dolido prendas criticar lo que se ha hecho mal y reconocer las decisiones que, en nuestra opinión, han sido acertadas. Desgraciadamente para los canarios, estas últimas han sido las menos, quizás porque al frente de la Consejería responsable de esta materia tampoco han estado las personas acertadas. Entre otras, cabe recordar a Román Rodríguez -director del Servicio Canario de la Salud antes que presidente del Ejecutivo- o María del Mar Julios.
La tarea por tanto a la que se enfrenta ahora la nueva consejera de Sanidad, Mercedes Roldós, no es sencilla, pues son muchos los problemas que en esta disciplina tienen que soportar a diario los canarios. El más grave, las interminables listas de espera, un asunto que no sólo tienen que sufrir los habitantes del Archipiélago, pues está generalizado con mayor o menor amplitud en toda España. Sin embargo, recomendamos a la titular de este departamento que haga caso a la sabiduría del refranero y tenga en cuenta que "mal de muchos, consuelo de tontos".
Una de las posibles causas de esas desesperantes listas de espera la exponía ayer este periódico al informar de que Canarias se encuentra a la cola de España en número de médicos y enfermeros por habitante, según la encuesta Profesionales Sanitarios Colegiales elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Dicha encuesta revela que las Islas cuentan con 394 médicos por cada cien mil habitantes, 63 profesionales menos que la media nacional y muy por debajo de comunidades como Aragón o Navarra, que disponen de 584 y 564 facultativos, respectivamente. Las cifras del INE confirman el déficit de especialistas que padece Canarias, hecho que no es la primera vez que se denuncia y que ha llevado al Servicio Canario de la Salud a contratar médicos que carecen del título de especialista necesario para la labor que van a desempeñar, algo realmente grave.
Según los sindicatos, esta escasez de profesionales viene determinada por la precariedad de los contratos que se ofrecen en las Islas, algo que el Gobierno canario debería analizar de forma urgente, ya que no sólo afecta a este colectivo, pues el Archipiélago también se encuentra a la cola en cuanto a salario, a pesar de ser una de las comunidades en las que más horas se trabaja.
Otra de las razones esgrimidas por algunas formaciones políticas para explicar esta parvedad es la falta de plazas en las dos universidades canarias para formar a estos profesionales, argumento que no tiene el aval, por ejemplo, del Colegio Oficial de Médicos de Tenerife, cuyo presidente considera que con los que se titulan cada año es suficiente.
Sea una u otra la causa de que Canarias tenga un déficit de profesionales sanitarios, lo que han de tener perfectamente claro los actuales responsables públicos es que con la salud, lo hemos dicho en otras ocasiones, no se juega y que si es necesario desviar fondos de otras áreas para lograr una solución, pues mucho están tardando en hacerlo. Algunas pistas ya hemos dado alguna vez de en qué lugares se está desaprovechando el dinero que pagan los canarios a través de sus impuestos. Uno está en la repugnante, inútil y servil Televisión Canaria, que sólo obedece a Las Palmas y se gasta miles de millones de pesetas al año. ¿Qué piensa usted de esto, don Paulino? ¡Qué descaro! ¡Y al mismo tiempo, muchos se mueren mientras aguardan en las listas de espera! Por cierto, la principal responsable de esto último, doña María del Mar Julios, ahí sigue, tan pomposa, en su nuevo cargo en el Parlamento.
Esperemos que Paulino Rivero, quien en su discurso de investidura se mostró dispuesto a que el centro de la política en esta legislatura fueran las personas, no escatime esfuerzos para que así sea realmente. En la sanidad canaria tiene una buena oportunidad para demostrarlo.
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