1.- Han entrullado a una funcionaria de la Seguridad Social por revelar datos confidenciales de afiliados al CNI (Centro Nacional de Inteligencia). El Supremo la condena a cuatro años y medio de cárcel, pero no al espía que le pagó, que la sobornó y que utilizó presuntamente los datos que ella le facilitaba. La Justicia nos sorprende a veces con elucubraciones metafísicas. El llamado "alto tribunal" echa la culpa al instructor, que no advirtió cohecho, sino revelación de secretos. Los espías están muy de moda. Ahora los periódicos dicen que el CNI ha espiado a Leticia Sabater -la de los juegos de agua en revistas recientes- y a mi amigo Pepe Hidalgo , propietario del holding Globalia/Air Europa/Halcón. Ya adelanté yo el otro día, aquí mismo, que el CNI investiga, a falta de mejores cosas que hacer, a empresarios de Tenerife, al mismo tiempo que a la mafia calabresa, sin que unos y otros guarden relación, al menos que se sepa.
2.- La sensación de que todo el mundo espía a todo el mundo es cierta. Ya casi nadie habla por teléfono, lo cual me parece molestísimo. El otro día leí el reportaje más disparatado con que me he topado en mucho tiempo, firmado por un tal Utrera , en la revista Interviú. Obviedades, datos sin importancia y situaciones con apariencia de normales son elevadas a noticia misteriosa, sin pudor alguno, jugando con las personas citadas y sin aportar un dato coherente. Todo ello con relación al supuesto espía Flórez , residente en el Puerto de la Cruz, que presuntamente se ofreció a Rusia y dejaba las copias de las cartas a los rusos archivadas en su casa. Un auténtico dechado de estupidez que comete quien quiera hacernos creer eso. Me da la impresión de que Flórez tenía de espía lo que yo de fraile benedictino.
3.- Claro que estamos en verano, que es la estación de los espías y de los ovnis. Cada vez que una publicación no tiene nada que echarse a la página, recurre al platillo volante y al agente doble, dos asuntos muy socorridos que serpentean por estos meses sin noticias. Haría mejor el CNI en darse una vuelta por las huertas de plátanos y por los invernaderos del Sur de Tenerife: das una palmada y empiezan a salir, despavoridos, inmigrantes ilegales de todas las procedencias, que a falta de trabajo y de papeles viven junto a los plantones. Mucho cuidado con eso.
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