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CARLOS ACOSTA GARCÍA

De profesión, mis ignorancias (200)

18/ago/07 02:06
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MI AMIGO EL CARDIÓLOGO LAGUNERO Enrique González (a quien, en cierta ocasión, una señora llamó San Enrique y sus razones tendría) escribió recientemente un artículo sobre Garachico, en el que hizo mención del llamado Risco Partido. ¡Pero, hombre. A estas alturas! Cuando el Risco Partido... Bueno, por si ustedes no lo saben, voy a contarles un cuento. Mejor dicho: varios cuentos en uno:

A mediados del siglo XIX había una carretera -o cosa parecida- entre Santa Cruz e Icod. Parece lógico que nuestros bisabuelos de la Isla Baja clamaran al Cielo para que la carretera -o lo que fuera- llegara hasta Buenavista. Pero a los mandamás de entonces les parecía punto menos que imposible hacerla pasar por Garachico porque había un murallón rocoso al que no se le encontraba manera de hincarle el diente. Y dijo uno de los mandamás: ¿Y si horadáramos la montaña? El hombre empleó mal el verbo porque, como ustedes saben, horadar significa agujerear o algo así. Y allí había necesidad de cortar, triturar, derrumbar, derruir, partir... Lo cierto es que se conjugaron todos estos verbos y nació el Risco Partido. ¿Me vas siguiendo, amigo?

En los años veinte del pasado siglo, a poco de nacer tú y yo, Los Silos y nosotros, los garachiquenses, nos llevábamos bastante mal. Una cosa así como el perro y el gato. Resulta que La Caleta de Interián había pertenecido casi en su totalidad a Garachico, pero en Los Silos no estaban conformes con los límites e iniciaron un pleito, que se extendió entre 1926 y 1929. Al final perdió Garachico, con lo que las tres cuartas partes de La Caleta son hoy territorio silense.

Por si no fuera bastante esta tremenda rivalidad, en los años cincuenta el fútbol terminó de empeorar las relaciones. Entonces éramos seguidores del Gara o del Silense, y no del Real Madrid o del Barcelona, como ocurre hoy. Bien, pues cuando el Silense le ganaba al Gara, nosotros nos acostábamos temprano para olvidar las penas. Pero, hacia las doce de la noche, unas morrocotudas detonaciones ponían de manifiesto que algunos hinchas silenses habían llegado al Risco Partido para recordarnos, con su cohetería, la vergüenza de nuestra amarga derrota.

Cuando el Gara le ganaba al Silense, eran los hinchas de este equipo los que se acostaban temprano, anonadados y alicaídos. Pero, a las doce de la noche..., iban los hinchas de Garachico, no diré que hasta la Plaza de la Luz, porque hubiera sido demasiado, pero sí a donde llaman La Placeta y, como en Los Silos no hay Risco Partido, se disparaban allí los cohetes. O sea, se pretendía que los derrotados se tragaran sus propias lágrimas.

Hoy nadie es del Silense ni del Gara. Todos somos del Real Madrid o del Barcelona. Y un poco también del Tenerife, para que no se diga. Y, como no hay mal que cien años dure, nuestras actuales relaciones con los vecinos de Los Silos, no sólo son correctas, sino cordiales. Hasta los alcaldes de los dos pueblos se llevan bien, cosa que no ocurría entre los ediles de 1926 a 1929, años de nuestros respectivos nacimientos, si no me equivoco.

Pero hay otra cosa, amigo Enrique, que quiero aclararte. Fíjate bien: hace pocos años se realizaron trabajos tendentes a ensanchar la carretera del Norte, a su paso por este Garachico de nuestras penas. Para que tales obras tuvieran el éxito deseado, el sector norte del Risco Partido, el único que existía ya, fue derribado. ¡Pobrecillo! Se fue para no volver, como creo que se dice en la letra de cierto tango argentino.

Y aún hay más. Hace unos días estaban en mi casa varios amigos de Los Silos e Icod, en franca camaradería conmigo. En un momento de la tertulia, se me ocurrió decir:

-¿Te das cuenta, Naty, de lo bien que nos llevamos ahora Los Silos y Garachico?

Y Naty Lorenzo, compañera en tareas de enseñanza y silense empedernida, me contestó:

-¡Es lógico! Ya no pueden separarnos porque no existe el Risco Partido.

Y si no existe, ¿por qué lo cita ahora mi amigo lagunero Enrique González, cardiólogo de fama, a quien una señora llamó un día San Enrique?

¡Ay, los juegos de la memoria!

Otro día volveremos a hablar de Garachico. Pero de asuntos más enjundiosos.

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